"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



jueves, 31 de diciembre de 2009

Arrivederci

Y tras la tempestad, la calma. Un año miserable que termina con una noche hermosa. Y sí, se acabó el último año de la primera decena de este siglo y lo triste es que todo sigue igual, porque al fin y al cabo, aunque esta noche nos abracemos y besemos y nos deseemos un año maravilloso todo seguirá igual, pero bueno, eso, como todos sabemos, da igual.

Da igual por la sencilla razón de que debemos pensar que todo irá a mejor, que las cosas van a salir muy bien y que seremos la mar de felices, y debemos pensar esto por la sencilla razón de que bueno, si sale mal, pues mala suerte, pero al menos se ha intentado; nada de derrotismos.

Nosotros, hombres y mujeres, que estamos sentados esperando ver como se descalabra el infecto 2009, debemos intentar que el 2010 merezca la pena, y bueno, como probablemente no lo merezca, pues en el 2011 volveremos a beber champán, a tomar uvas y a desearnos las mejores cosas para el año entrante. Al final los griegos van a tener razón y el tiempo va a ser cíclico...

Pero bueno, a tomar viento eso de pensar, a engalanarse, a beber, a festejar, porque al fin y al cabo, un año es un año, y todo no va a ser malo.


miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ojalá

Llevo un par de días intentando escribir algo decente para poder actualizar pero parece que mi musa está de vacaciones o se ha vuelto repentinamente idiota, así que voy a volver a recurrir al bueno de Silvio.

Esta es una de las canciones más bellas que he escuchado nunca y trata de ese mal endémico de nuestra humanidad llamado mal de amores. Imagino que cada uno podría cantarselo a cierta señorita o caballero, quienes probablemente no paren por estos lares dejamos de la mano de Dios, pero bueno, eso, imagino que ya da igual.


viernes, 25 de diciembre de 2009

Y a su frío lo llaman Navidad


Sus pasos pesados se encaminaron con desdén etílico hacia un destino demasiado cotidiano. Había desdeñado la compañía en el trayecto pese a que anhelaba no caminar solo; pero como buena parte de esa grey llamada humanidad, era terriblemente idiota.

Su respiración obesa sonaba como un papel viejo que se arruga. La estridente luz verde de una farmacia marcaba algo menos de las cinco y dieciséis grados de temperatura. El bullicio reía en lontananza mientras él se adentraba en la soledad del camino.

Su contemplar del inmóvil e inmutable adoquinado de las calles sucias de aquel lugar se vio interrumpido por la obscena visión de señores vestidos de rojo que cargaban sacos iguales a sus panzas: las luces que "adornaban" aquel trayecto no habían sido escogidas precisamente con elegancia.

Sus pasos le obligaban a subir cuando reparó en una pareja de adolescentes abrazados que lo miraron con recelo. Él, en compensación, porque al fin y al cabo era un caballero, les ofreció una mirada de odio.

Al llegar a la puerta que buscaba desenvainó su llave y con mayor o menor acierto logró introducirla en la cerradura. Una vez dentro, mientras su cuerpo se desplomaba sobre las escaleras recordó las últimas palabras que había intercambiado aquella noche con un ser humano:

- "Feliz Navidad"

viernes, 11 de diciembre de 2009

En estos días



En estos días,
todo el viento del mundo sopla en tu dirección.
La osa mayor corrige la punta de su cola
y te corona
con la estrella que guía,
la mía.

Los mares se han torcido
con no poco dolor hacia tus costas.
La lluvia dibuja en tu cabeza
la sed de millones de árboles.
Las flores te maldicen muriendo,
celosas.

En estos días
no sale el sol,
sino tu rostro.
Y en el silencio,
sordo del tiempo,
gritan tus ojos.

¡Ay! de estos días terribles,
¡ay! de lo indescriptible.

En estos días
no hay absolución posible para el hombre,
para el feroz, la fiera
que ruge y canta ciega:
ese animal remoto
que devora y devora
primaveras.

En estos días
no sale el sol,
sino tu rostro.
Y en el silencio,
sordo del tiempo,
gritan tus ojos.

¡Ay! de estos días terribles,
¡ay! del nombre que lleven,
¡ay! de cuanto se marche,
¡ay! de cuanto se quede.

¡Ay! de todas las cosas
que hinchan este segundo.
¡Ay! de estos días terribles,
asesinos del mundo.

Oda a las almas perdidas




Hablo a aquellos seres que bracean
en la oscuridad del silencio.
Llamo a aquellos que ya no combaten,
a los que postraron la cabeza diciendo:

"Aquí está mi alma náufraga;
tomadla y rompedla, quedáosla,
que sea pasto de la llama o de la ráfaga,
que sea de un rostro una máscara."

Grito a los cansados,
a los que lloran, a los que imploran
un beso, un abrazo, un halago,
a los que en la sombra moran,

A los desconocidos buscadores de luciérnagas,
a aquellos que insinúan mariposas en el aire,
a aquellos que no espero que entiendan
la gracia, el gozo y el donaire.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Tic Tac




Mis estimados lectores, les invito a que hagan conmigo una reflexión:

Ahora son las 1:19 de la mañana (no sé a que hora leerán esto, pero eso es irrelevante) y están ustedes sentados ante su ordenador. En este mismo instante hay millones de primeros besos, millones de "te quiero" y probablemente igual o mayor cantidad de "adios". Cientos de miles de personas estarán conociendo a la persona que amarán el resto de sus vidas. Varios millones están agonizando en este mismo momento. Miles de sonrisas y de llantos brotan y se apagan mientras posas la mirada en estas líneas. Centenares de desengaños y miles de abrazos, rupturas, reconciliaciones, noticias terribles y buenas nuevas, despedidas trágicas y excelsos reencuentros, millones de parejas que hacen el amor, millones de personas que se dejan la vida en algún rincón del mundo.

En lo que he tardado en escribir el parrafo anterior habrán visto la luz cientos de miles de nuevas vidas, el SIDA se habrá instalado en algunos cuerpos nuevos y a otras tantas personas un médico les habrá dicho: "tiene ud. cancer". Varios miles de personas habrán decidido que no soportan más la realidad y habrán saltado hacia lo absoluto con una soga al cuello.

La infinidad de un instante, de unos minutos insignificante en nuestras vidas. Unos minutos que ud. ha estado sentado frente a su pc, pasando sus ojos sobre mis letras han sido suficientes como para cambiar miles de millones de vidas, unos minutos en los que ha cambiado el mundo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Muy Genial

"Las calles son de agua, ¡se puede ir al trabajo en morsa!"

H. J. Simpson mientras contempla una panoramica veneciana.

Retorno

Su cuerpo cansado se desplomó sobre la silla de su escritorio. Después de todo nada había cambiado, estaba exactamente en el mismo lugar de que había creido salir: las mismas imágenes, los mismos sonidos, los mismos recuerdos seguían haciendo el mismo daño.

Pensó que ya se pasaría, pensó que solo era uno de esos días tontos, pensó que era fuerte y podría salir de allí, pensó cientos de cosas inútiles que al fin y a la postre acabaría viendose abajo como un delicado castillo de naipes en una mesa cimbreante.

Hacía ya tiempo que sus labios no recordaban el humo y que su mente no braceaba intentando, ilusa, salvar la vida entre las aguas agónicas de la desesperanza, pero allí estaba, exactamente donde empezó.

Y exactamente como al principio, se sentó a contemplar las figuras que el humo hacía en el aire en la más absoluta soledad.

Ese era un día horrible.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La muerte de las estrellas



“-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde añadiste:

-¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.

-El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad?

Pero el principito no respondió.”


Antoine de Saint Exupéry



Uno de los espectáculos más hermosos, conmovedores y tristes de los que puede disfrutar un hombre es el de una puesta de Sol. Es sencillamente prodigioso contemplar como el Astro Rey desciende agonizante, poco a poco, desangrándose en un sublime cuadro de colores, hasta que el último rayo, la última esperanza, sucumbe dejando paso al reino de las tinieblas.


El ocaso. El fin. La muerte. La oscura sombra que se cierne sobre todos y cada uno de nosotros. Aquella barrera insalvable con la que hemos sido marcados: recuerda que del polvo fuiste tomado y al polvo has de volver (Gn 3, 19). Con la primera bocanada de aire que tomamos se nos insufla el temor por saber que habrá una última.


Si hay algo que es innegable es que somos seres finitos, al menos físicamente. Ante esta evidencia, nosotros, los mortales, no hacemos otra cosa que agazaparnos en un rincón y llorar; teñirnos de luto, preparar nuestras propias exequias.


El Sol, en su decadencia, figura una estampa tan hermosa que parece salido de la manos del Docto Pintor, realmente emociona contemplar la armoniosa extinción de su vida; pero sabemos que su renacimiento es seguro. Nuestro renacer tras la visita de la parca no está para nada asegurado y nuestra unión con lo Absoluto no es precisamente hermosa. Si hay algo que tememos por encima de la muerte es el dolor.


Somos cobardes, eso es cierto. Podríamos encarar la muerte con la seguridad de que al menos hemos vivido, mejor o peor, pero lo hemos hecho, pero aun así, en una mezcla de cobardía ante lo desconocido y en un último arrebato de egoísmo, un “quiero más” llevado hasta el extremo, nos lamentamos de nuestra desgracia en un gesto final de autocompasión.


Ciertamente es mucho más consecuente morir con la misma villanía con la que se ha vivido que hacer un intento final por parecer que nuestra vida ha sido benemérita; de todos modos nunca se habla mal de alguien en su funeral.


El miedo irracional hacia nuestro final condiciona nuestra existencia. Mientras escribo estas líneas y mientras usted las lee la Parca está pacientemente midiendo el hilo que inexorablemente ha de ser cortado, pero, sinceramente, esto no me preocupa. Quizás, considerando la vida como un regalo perdamos un poco el miedo. Aunque mi concepción de la existencia me haga temer un Juicio del que probablemente no salga impune, no tengo miedo a morir, al menos ahora. Soy un hombre, una desdeñosa criatura fabricada por el Demiurgo en un día aciago, así que seguramente en mis últimas horas miedos terribles me acongojen y todo esto que escribo y digo no sean más que papel mojado, un desacertado escrito en una tarde de lluvia, embriagado por una nube de humo del mil cigarros y una taza de café, mientras desde lo profundo suena la marcha fúnebre de un polaco llamado Chopin, pero al fin y al cabo, prefiero pensar que mi pulso no temblará en mis últimos instantes. Prefiero vivir pensando que esta vida es más que una burla cruel, y si así lo es, una jugarreta del azar, me temo que nunca llegaré a saberlo.


Y contemplaré cada vez que pueda una puesta de Sol, porque me hace feliz pensar que en la belleza de la naturaleza queda escondida la esperanza de que nuestra breve estancia en el Universo, el efímero tiempo en el que somos, realmente tenga algún sentido.


PS: Me van a perdonar ustedes, pero ya tocaba actualizar y he tenido que tirar de archivo porque no se me ocurre nada decente. Éste es un textillo que escribí el año pasado para el bueno de Salazar, que impartía por aquel entonces Fª de la Naturaleza. La foto pertenece a cierta señorita muy querida por mi.

jueves, 26 de noviembre de 2009

No te rindas - Mario Benedetti

No te rindas, aún estás a tiempo
De alcanzar y comenzar de nuevo,
Aceptar tus sombras,
Enterrar tus miedos,
Liberar el lastre,
Retomar el vuelo.

No te rindas que la vida es eso,
Continuar el viaje,
Perseguir tus sueños,
Destrabar el tiempo,
Correr los escombros,
Y destapar el cielo.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se esconda,
Y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma
Aún hay vida en tus sueños.

Porque la vida es tuya y tuyo también el deseo
Porque lo has querido y porque te quiero
Porque existe el vino y el amor, es cierto.
Porque no hay heridas que no cure el tiempo.

Abrir las puertas,
Quitar los cerrojos,
Abandonar las murallas que te protegieron,
Vivir la vida y aceptar el reto,
Recuperar la risa,
Ensayar un canto,
Bajar la guardia y extender las manos
Desplegar las alas
E intentar de nuevo,
Celebrar la vida y retomar los cielos.

No te rindas, por favor no cedas,
Aunque el frío queme,
Aunque el miedo muerda,
Aunque el sol se ponga y se calle el viento,
Aún hay fuego en tu alma,
Aún hay vida en tus sueños
Porque cada día es un comienzo nuevo,
Porque esta es la hora y el mejor momento.
Porque no estás solo,
porque yo te quiero.



A esas personas que no saben, en mitad de la tormenta, a qué aferrarse.

miércoles, 25 de noviembre de 2009

Sobre el desengaño o de la amistad perdida


Esta es una historia, quizás real, quizás soñada, quizás fruto de mi febril imaginación, de dos personas, dos seres que creyeron que el tiempo perdona y que, al fin y a la postre, ellos seguirían siendo los mismos.

Pero como suele pasar, pocas cosas salen como se esperan, y tras demasiado tiempo y bastante olvido, tras el silencio que dejan las miradas que se rehuyen, tras el resonar de pasos que corren en direcciones contrarias, como dijo el poeta, nosotros, los de entonces, ya no somos los mismos.

Porque en aquel encuentro las miradas no se reconocieron, los cuerpos se miraron extraños, las lenguas hablaron de nada, los ojos se ocultaron huraños. Porque la indiferencia y el olvido no ayudan, porque en la memoria arden demasiadas cosas, porque esos que aquella tarde se reencontraron no se conocían de nada.

sábado, 21 de noviembre de 2009

El hombre que regaba rosas


Hace ya demasiado tiempo, en uno de esos lugares cuyo nombre acabó diluido en alguna noche de tormenta, dicen que vivió un hombre extraño, un hombre que un día dijo: "no tengo nada más que decir" y que desde ese momento dejó de hablar.

Desde ese momento aquel hombre se retiró a una casa alejada y la rodeó de rosas. Cada día, al despuntar el alba, los gruesos y pétreos muros de la casa contemplaban la afanosa labor de aquel hombre solitario que con inusitada vigorosidad plantaba, deshojaba, limbiaba y regaba su jardín de rosas.

Cuando terminaba se metía en casa, miraba su jardín desde la ventana y suspiraba. Pasaron los años y el hombre se hizo viejo, los muros de piedra de la casa se cubrieron de musgos y el jardinero pintó de blanco sus cabellos; las rosas habían cubierto lo que antes era pradera y lo habían tapizado todo de rojo.

Pero un día en los ojos de aquel anciano que suspiraba mirando por la ventana se dibujó un brillo extraño. El hombre se levantó, fue por unas tijeras y salió a cortar rosas. Con primor, aquellas rosas que habían sido cultivadas durante toda una vida fueron amontonándose en una cesta que pendía del brazo del anciano. Cuando lo hubo llenado se encaminó hacia el pueblo del que un día partió guardando silencio. Mientras caminaba sus labios recordaron el canto y al llegar a las primeras casas aquel frágil anciano, cansado por la caminata, acercó sus nudillos temblorosos a la primera puerta que vió y llamó.

Cuando abrieron la puerta el viejo intentó recordar como se hablaba, pero al principio solo salió de él un suspiro cargado de letras. Hizo acopio de fuerzas y dijo: "he permanecido demasiado tiempo sin tener nada que decir; ahora por fin puedo decir algo: ¿quieres una rosa?".

viernes, 20 de noviembre de 2009

Sartre

"Solo sé que los hombres mueren y no son felices"

J.P. Sartre

martes, 17 de noviembre de 2009

Las Flores Enfermas

Desde hace unos días llevo encima cierto librillo de Baudelaire muy oscuro y muy sabio. La verdad es que el libro suelta unos torpedazos eideticos que derriban a uno en redondo, aquí les dejo el prefacio, lean y juzguen:


Al Lector

Necedad, error, pecado y tacañería ocupan
nuestras almas, nuestros cuerpos alteran,
y complacientes nutrimos los remordimientos
como los mendigos sus piojos.

Tercos son los pecadores y cobarde el arrepentimiento;
con creces exigimos se nos paguen las confesiones,
y al cieno alegres regresamos creyendo borrar
con viles llantos todas nuestras culpas.

Satán Trigemisto en cojín del Mal se halla,
mucho mece a nuestro hechizado espíritu,
y ese sabio alquimista vaporiza
el precioso metal de nuestra voluntad.

¡El Diablo maneja los hilos que nos mueven!
Incluso en seres inmundos hallamos seducción;
diariamente hacia el infierno vamos, y sin miedo,
bajando a través de tinieblas hediondas.

A fondo, como a una naranja seca, exprimimos
algún placer clandestino que de pasada robamos
tal un mísero libertino que besa y mordisquea
los martirizados senos de una ramera vieja.

En nuestras mentes se agita un pueblo de demonios,
apiñado e hirviente como un millón de helmintos,
y cuando respiramos fluye en los pulmones
la Muerte, río invisible, con sus apagadas quejas.

Si el estupro, el veneno, el puñal y el incendio
aún no bordaron sus atractivos diseños
en triste cañamazo de nuestra mala suerte,
es que sólo tenemos, ¡ay!, almas no atrevidas.

Hay chacales y panteras, linces y monos,
hay escorpiones y buitres, y también serpientes,
son monstruos que gruñen, aúllan y reptan
en la infame leonera de nuestros vicios,

¡pero uno sobresale por feo, perverso e inmundo!
Aunque no chille mucho y tampoco gesticule,
seguro que a gusto haría de la tierra un caos
y que al mundo se tragaría con sólo bostezar;

¡es el Tedio!, tiene en los ojos lágrimas falsas,
y fuma la pipa mientras con patíbulos sueña.
Lector, ya conoces a tan delicado monstruo,
-lector hipócrita-¡tú, mi prójimo, mi hermano!

sábado, 14 de noviembre de 2009

Noche



A Laura, por postergar mi suicidio una tarde más.


Se sintió cansado, muy cansado, cansado de derramarse por los ojos y decidió enjugarse en los velos de la noche. La oscuridad era tibia y el sonido se había muerto. El tiempo caminaba con pasos pesados y los moradores celestes seguían, como suelen hacer, mirando desde lo alto con un aire indiferente.

Él, como minúscula e insustancial partícula desgajada de Dios sabe qué, se aferraba a existir, aunque como por todos es sabido, los músculos se entumecen y al fin y a la postre acabas deslizándote inexorablemente y perdiendote en el vacío.

Los abrazos hacía tiempo que habían quedado marchitos y los besos se habían olvidado a sí mismos. La vida se negaba a fenecer y aquel pirado, cadáver intemporal y humano, estaba condenado a vivir.


jueves, 12 de noviembre de 2009

En este...

En lo impreciso del instante,
en el clamor del desamparo,
en este instante desdichado,
en este naufragio incesante,
en este suspiro acabado,
en este papel garabateado
con líneas ignominiosas,
en este morir crepusculado
en este momento nauseabundo,
en este teatro de sombras,
en este desprecio del mundo,
en este vivir sin soñar,
en este verso descabalgado,
en este lejano crepitar,
en este silencio gritado,
en este trazo evocador,
en estas lineas inefables,
en este llorar miserable...


en estas palabras de adiós.

lunes, 9 de noviembre de 2009

Another Brick in the Wall


"Ahora que de casi todo hacen ya veinte años" reza la conocida sentencia de Gil de Biedma, y es que hacen ya veinte años de demasiadas cosas. Hace veinte años que arrancaron los bloques de la necedad del suelo berlinés para trasportarlos a los libros de historia. Un muro construido, como casi todas las cosas levantadas de un tiempo a esta parte, con ladrillos de odio.

Lo peor no es recordar que el hombre odia, porque las evidencias rara vez llama la atención, sino el caer en la cuenta de que estos hombre (aquellos que erigieron esa cordillera abyecta) creían tener razón, creían hacer lo correcto, creían hacer algo bueno. ¡Ah, pobres de aquellos que creen tener razón! Habría que arrojarlos a todos fuera de los confines del mundo, porque esos que tienen la razón rubrican sus páginas con sangre ajena y se perpetuan en la historia con trazos de horror. El ser humano da asco y nuestra historia, la crónica de un fracaso, no es más que el vómito de un ser decrépito.

viernes, 6 de noviembre de 2009

La tristeza


"Y quedó llorando"

La tristeza, esa singular sensación que suele arroparme desde hace ya demasiados tiempo, ha decidido que se viene a vivir conmigo, a este ritmo nos casamos en unos meses.

Ésto si que es una amante obsesiva, una de esas que te quiere solo para ella y que además, por si fuera poco, tiene la dudosa virtud de conseguir hacerse presente en cualquier momento y hacerte obedecer.

Te conduce primorosamente por los caminos de la desesperación, hace que solo tengas ojos para ella. Te lleva al lecho y te posee, te toma en sueños y te hace pasar las noches en vela. Ya no la quiero es cierto, pero eso a ella le da igual, ella sí que me quiere a mi.



Ésta es una de esas canciones que alguien te hace conocer en un momento determinado y que dicen cosas que solo pueden decirse así. La crudeza de un desgarro en el silencio. Que cada uno llore por lo que le toque. Gracias pequeña de mirada de agua : )

domingo, 1 de noviembre de 2009

A tus ojos


Oda a unos ojos perdidos,

a la mirada insaciada

que busca extasiada

entre las lineas del olvido.


Ojos clavados en la bruma,

en el silencio anodino,

reflejos de un mar de espuma

donde se postran los espíritus vencidos.


Lineas insensatas que brotan

sin saber nombrar su sino,

trazos que en el papel marchan

sin billete, ruta, ni destino.


Taciturnos versos noctámbulos

a una mirada perdida,

a una retina escarchada,

a una pupila herida,


Taciturnos versos noctámbulos

de silencio y lejanía

de cantares soñados

a la luz del medio día.


21 de Junio de 2009

miércoles, 21 de octubre de 2009

La náusea


Soy una estructura de moléculas de carbono engarzadas primorosamente con ciertas cadenas de aminoácidos. Estructuras de ADN conforman toda mi materia. Cadenas de proteínas conforman mi piel y mis músculos. Mi cerebro envía orden de respirar a mis pulmones, una respiración que en los días buenos es lenta y pesada, y que en los malos produce un sonido similar al del papel viejo mientras se arruga. Mi corazón es un músculo envejecido y estúpido que se afana en latir sin saber por qué lo hace. Mi mente, una entelequia insulsa, se obceca en intentar comprender y fracasa una y otra vez sin cesar.

Eso soy, un amasijo de carnes y tendones que no sabe que hace ni para qué está aquí. Un cuerpo que camina por calles que hieden a sinsentido, un cuerpo que se lanza a la tarea del fracaso, una mente cansada de no encontrar lo que busca, una mente cansada de hallar lo abyecto.

La felicidad no existe, no es más que un simple concepto, un constructo, una promesa inalcanzable, una mentira vil. La búsqueda insuperable no crea más que la frustración de la derrota, paradoja de un destino infame: perseguir la felicidad provoca desdicha. Correr tras una sombra.

Yo jamás vi la felicidad, pero sí vi lo asqueante de la realidad, lo nauseabundo, lo hediondo, una realidad que provoca arcadas. Una realidad protagonizada por unos seres tan inicuos como los humanos, que henchidos el pecho de odio y de egoísmo, han escrito la historia de su desgracia, la historia de la humanidad.

Salir de la realidad parece la única salida, pero ¿qué sentido tiene el no ser? ¿Qué sentido tiene la nada? Si no merece demasiado la pena existir, mucho menos sentido hay en morir. Es curioso, estamos atrapados en nuestra propia desdicha, en un tren infecto del que uno no puede apearse, tan solo mirar por la ventana mientras en nuestro rostro se dibuja un rictus asqueado. Ver pasar las estaciones, los pueblos que emanan un grito cargado de salitre y odio, los páramos y las montañas, esperar a la última parada, esperar pacientemente que el viaje termine.

Reflexión para la asignatura Teoría del Conocimiento, 20/OCT/09

martes, 20 de octubre de 2009

Hay un fantasma en el horizonte



Antony and the Johnsons

"Espero Que Haya Alguien"

Espero que haya alguien

Que cuíde de mi

Cuando muera, cuando me vaya

Espero que haya alguien

Que libere mi corazón

Que le guste sostenerlo cuando esté cansado

Hay un fantasma en el horizonte

Cuando me vaya a la cama

¿Cómo podré dormir al llegar la noche?

¿Cómo descansará mi cabeza?

Oh, estoy espantado del lugar que hay

Justo entre la luz y ninguna parte

No quiero ser el elegido

Allí abandonado, allí abandonado

Hay un hombre en el horizonte

Que desea que me acueste

Si sucumbo a sus pies esta noche

Permitirá que descanse mi cabeza

Así que hay una esperanza de que no me asfixie

O de que quede paralizado por la luz

Y como un regalo caído del cielo, no quiero irme

Al final del horizonte

Espero que haya alguien

Que cuide de mí
Cuando yo muera, cuando yo parta

Espero que haya alguien

Que libere mi corazón

Y que me abrace cuando esté cansado…


A veces los comentarios sobran...

miércoles, 7 de octubre de 2009

Donde habita el Olvido

Llevaba tiempo sin dormir y le dolía bastante la cabeza. Agazapado en un rincón, donde intentaba esconderse de esa cazadora insaciable llamada desesperación. Murmuraba cosas incomprensibles mientras intentaba ocultarse con movimientos febriles en aquella esquina.

El miedo es una sensación curiosa. Te obliga a plegarte sobre ti mismo. El temor se apodera de cada uno de tus pasos y la incertidumbre se instala en tu pecho. Aquel pobre desdichado estaba al borde del abismo y desde allí miraba al vacío.

A punto de saltar un brillo extraño se paseó por sus ojos y retrocedió un par de pasos del precipicio. Se levantó de aquel rincón e ideó la más hermosa de las venganzas: el olvido.

sábado, 3 de octubre de 2009

Perdón por la tristeza

Era una mañana vulgar, anodina, común, tediosa, estúpida. El sol despuntaba tímido entre los edificios de una ciudad sucia que olía a conmiseración. La gente caminaba de un lado para otro, con pasos mecánicos gobernados por la vil rutina.

El rostro de los viandantes carecía de ojos, de labios, de nariz, tan solo era una mancha borrosa e ilegible, un quebranto, un borrón. Lo hermoso de aquella ciudad había sido cubierto bajo la neblina de lo triste y el polvo que emanaban un tráfico trágico y febril.

El aire sabía a ceniza y las flores habían perdido su perfume. Todo era demasiado triste como para poder soportarlo.

viernes, 25 de septiembre de 2009

Una sala de despiece como otra cualquiera

Estimados lectores:

Como últimamente supuro pus por los ojos y suelto bilis por la boca y cada vez se van sucediendo hechos más y más indignantes y como no quiero usar este blog para esos menesteres (uy, que de y, un polisíndeton) ayer me decidí a abrir una nueva bitácora destinada a despachar la actualidad de la manera más sádica posíble.


Si esperan leer cosas políticamente correctas, referencias educadas o apelaciones dictadas con voz engolada, absténganse de entrar.



jueves, 24 de septiembre de 2009

Sic transit

Y así se va apagando un cuerpo: tendido, solo, mientras una luz amarillenta se cuela por una ventana en una noche tibia. Mientras él es el único testigo de una respiración que expira un alma, un ánima que se esfuma de un cuerpo viejo, un cuerpo cansado de vivir.

Helo ahí, yaciendo, esperando con la tranquilidad parsimoniosa que solo otorga el conocimeinto de lo insalvable, lo inevitable, lo terrible.

Un alma vieja, cansada de un tiempo extraño, un tiempo que no le había tocado vivir, un tiempo equivocado.

Un alma hecha añicos por la desesperación y el sinsentido de buscar sentido, de buscar fin al camino.

Un cuerpo que se abandona a su suerte, a los brazos de ese tiempo extraño que aun no se ha decidido a terminar.

domingo, 20 de septiembre de 2009

Música para el alma

Lo incierto suele martillearnos con demasiada frecuencia, nos golpea, nos cansa y nos ancla al suelo, a esa triste realidad terrenal, a las grises aceras, al negro asfalto, al acre olor de lo intrascendente. Pero has de recordar una cosa, si te quedas demasiado tiempo pegado al suelo se te olvidará volar, solo te quedará caminar y ya nunca podrás tocar lo sublime de lo excelso. A veces no es difícil alzar el vuelo de nuevo, solo hace falta querer volar.


miércoles, 16 de septiembre de 2009

De Absurdo



"La humanidad se llamaria a si misma humana
y crearía una sociedad apta para nadie."
Carlos M. R.


Da asco. Es absolutamente repugnante ver cuán afanosos somos en nuestra detestable empresa de pudredumbre intelectual, moral...humana. La sociedad me enferma, me hace repudiar mi condicón de ser humano.

Dirán ustedes: ¿qué diablos dice éste? Me explicaré:

Hace un par de días, o acaso fue ayer, no sé, últimamente tengo perdida la noción del tiempo, mientras leía el periódico llegué por azar a la página donde dan los datos del share de los programas emitidos el día anterior. Cuál fue mi sorpresa al darme cuenta que los programas llamados del corazón acumulaban ellos solitos prácticamente dos tercios de la mentes que se sientan, impávidas, a permitir que la más inteligente de todas las cajas (tan solo hay que comparar la inteligencia del aparato emisor con la del homo stultus receptor y verán como el televisor gana por goleada) les devore los sesos al más puro estilo zombi: ñam, ñam, ñam...

Sí, así es amigos: somos gilipollas. Fíjense cuánto hemos perdido: hace 24 siglos los griegos se sentaban en los teatros a ver lo que hoy son consideradas las piedras angulares de la cultura, allá por el s. XII había unos señores llamados juglares que recitaban de memoria poemas larguísimos (prueben a memorizar el Cantar del mio Cid y me cuentan...), ya por el s. XVIII Mozart estrenaba el Don Giovanni o las Bodas de Fígaro...Hoy varios millones de personas contemplan como Belén Estéban (salve, reina de pueblo) cuenta noséque cosas, cómo la Duquesa de Alba dice tal y como noséquien se há liado con cierta puta asquerosa, a la que por decoro moral llamaremos actriz porno.

Digan conmigo: Da asco.

Ya lo decía el Evangelio: no mires la paja en el ojo ajeno y obvies la viga en el propio, pero nada, es más comodo el no pensar, dejar tus problemas y preocuparte por los del de en frente, pero esto tiene cierta justificación intelectual. Lo realmente preocupante es que se deje salir a estos personajes en las televisiones. Si fuéramos meridianamente inteligentes La 2 no pondría los conciertos de música clásica a las 4 de la mañana del sábado y Redes estaría en prime time, pero nada, preferimos a "la Belén" (salve, reina de pueblo), al idiota de turno contando las infidelidades de la furcia del bloque de al lado que tiene un primo segundo en común con él y cobrando una pasta que ni en sueños puede tener un investigador contra el cáncer.

Así nos va. Servidor hace meses que por higiene intelectual pone la tele poquito, lo justo y necesario, y que almuerza, merienda y cena en la cocina por evitarse estragos durante la ingesta, pero mientras yo cierro las puertas para evitar que el lejano y estridente soniquete cantarín de la voz del merluzo de turno que deshonra en nombre del periodismo llegue a mis oidos, millones de personas entonan un: "¡SHHHHH! Que no me entero de lo que dice Jorge Javier".

¡Rediós! Que diría el clásico. La gente da asco (repitan conmigo...)

PS: ¿Tengo o no razón, mi pequeña criaturilla cruel?

viernes, 11 de septiembre de 2009

A la sala de los pasos perdidos

A ese lugar extraño
donde los besos son secos,
donde un ujier huraño
mitiga la pasión con desconsuelo.

A esa plaza inóspita
donde la huella no marca,
donde una lágrima encharca
papeles de hipócrita rúbrica.

A esa estancia maldita
donde no se ven las estrellas,
donde ánima en pena, marchita,
se afana en enumerar querellas.

A los pasos no registrados,
a las palabras proscritas,
a los besos naufragados,
a los corazones eremitas,

A esas pupílas vacías,
a esos ojos minados,
a esos parches destemplados
que sones de muerte gritan.

06 de julio de 2009

lunes, 7 de septiembre de 2009

Nada


Cada vez soy más consciente de que somos (o quizás solo yo soy) pasto del sinsentido, seres avocados a la desesperación. ¿Qué hay de sentido en la vida?

Hemos llegado a separarnos tanto de nosotros mismos que incluso tenemos que buscar lo que somos, hemos llegado a vaciarnos de tal manera que solo somos carcasas con ojos. La vida solo es consumirse como se consume el leño en el fuego y nuestra historia no es más que el crepititar de las llamas. Helo ahí nuestro legado: cenizas que esparce el viento.

Pero hay una realidad más triste, una realidad última y desoladora: solo algunos son conscientes de ello...¡ah, la felicidad de la ignorancia!

Si, existir sin rumbo, vivir sin ser, artificios, maquetas, proyectos. Somos como una rosa sin olor.


domingo, 6 de septiembre de 2009

Sentada bajo el árbol

El viento de la tarde acariciaba la hierbas de los campos. Ella seguía sentada bajo el árbol y sus ojos escarchados, aquellos ojos que guardan la belleza de lo oculto, continuaban, incansables, buscando sombras de belleza.

La tarde era tranquila, mansa, calmada. La respiración se hacía lenta y profunda. El sonido de lo hermoso, aquel sonido que tan solo unos pocos son capaces de oir, resonaba en aquellas tierras.

El absoluto abrumaba a la chica, que cada vez se cobijaba más y más al árbol: sus ojos, sus oidos, sus manos, sus labios, todo estaba impregnado de la magnificiencia, de la exelencia del existir. Entonces llegó lo imprevisible: comenzó a llorar, pero aquellas lágrimas no sabían a pena ni a dolor, sabían a gratitud.

Aquella chica había conseguido al fin escapar de su sombra y ahora era feliz.

martes, 1 de septiembre de 2009

Sentado en un rincón



Sentando en un rincón mis ojos extintos anhelan dar sentido a unas informes nubes de humo. La tarde es lenta y pesada, lánguida como las bocanadas que doy a mi pipa. El humo sale disparado de mis labios y se queda flotando junto a mí, envolviéndome en su abrazo gris de muerte. Las notas que vienen desde lo lejos rasgan el manto plomizo que me rodea para sentarse junto a mí. La tarde es calurosa y febril. Los sonidos de la calle llegan acolchados por la enrarecida atmósfera de mi habitación. Sentado en un rincón, mientras mis ojos anhelan dar sentido a unas nubes de humo, decido desistir, porque sé que no la tienen.

Entonces surge la pregunta: ¿por qué? ¿Qué hay de sentido en estas cosas? Levantarse, salir de casa, hablar con los amigos, tomar un cafe en una tarde de otoño, mirar el mar...¿por qué? ¿Qué hay de bueno en esas cosas? Odiar, ser indiferente al dolor, mirar con desprecio al que sufre...¿por qué? ¿Qué hay de malo en esas cosas?

¿Qué es lo bueno y lo malo, qué es lo que merece y no merece la pena, qué es lo hermoso, qué es lo trágico, qué merece nuestras lágrimas y qué nuestra furia? O algo mucho más trascendental, ¿qué hay en las cosas para que merezca la pena hacerlas?

Apesadumbrado, mi cuerpo; con su manta de humo, mientras la música reclina la cabeza sobre mi hombro, se cae. Entonces una sonrisa se dibuja en mi rostro: ¿qué hay de bueno en estas cosas?

Que sé que puedo pensar.




sábado, 29 de agosto de 2009

Don Giovanni

Él solo hablaba para contentar. Tenía el don de la demagogia y sabía emplearlo a la perfección. Era el perfecto oportunista, un acechador que actuaba con nocturnidad y alevosía. A todo esto había que sumarle la más sublime de todas las virtudes que poseía: carecía de cualquier tipo de escrúpulo. Todo él era una máscara adornada de arrogancia y prepotencia. Un ser despreciable que, sin embargo, pululaba con más gloria que pena por el ancho mundo.

Actuaba a placer, sin tener en cuenta lo que sus actos pudieran provocar. Era la perfecta hipocresía encarnada.

¿Se han topado alguna vez con un ser así?

¿No creen que sería hermoso que existiera ese infierno del que hablan los textos bíblicos para que estos seres se consumieran por toda la eternidad?

miércoles, 26 de agosto de 2009

Lineas endiosadas




Quizás alguno de ustedes no ha experimentado esta sensación, pero deberían probarla todos. Sientense delante de un folio o de un documento de word en blanco y comiencen a escribir. Profanen la blancura virginal del papel con los trazos de la pluma: creen.

Escribir es tener poder, es inventar, es crear, es fabricar, es hacer mundo. Cuando me siento ante mi cuaderno puedo dar la vida a quien yo quiera, como yo quiera; puedo hacer con él lo que me apetezca: hacerlo feliz, hacerlo sufrir, llorar, gritar, amar, odiar, repudiar, volar, cantar, es más, cuando me canse de él, puedo matarlo.

Escribir es tener poder sobre la vida y la muerte. Escribir es acotar un páramo donde tú impones las normas y las leyes, donde tu eres rey y señor y tienes poder sobre vida y hacienda.

Puedo crear un mundo a mi medida y puedo dar vida a hombres y mujeres (o a las deformes criaturas que se me antoje colocar) y observar como se comportan (infelices de ellos) mientras yo, con mano firme, voy hilando, midiendo y cortando.

Cuando escribo soy poderoso y mi estilográfica es mi báculo. Escribir es jugar a ser Dios.