"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



jueves, 6 de agosto de 2009

La ciudad sin nombre


La noche que la Reina de Corazones comenzó a llorar fue la noche más fría de todos los inviernos y aun distaba veinticinco años de la noche más oscura de todos los tiempos. La neblina que embriagaba la soledad de las calles durante la madrugada se extendía mortecina y febril por toda la ciudad mientras ésta, como quien espera agazapada en un rincón a que lleguen a rescatarla, aguardaba el beso del alba.

Los pasos de los viandantes noctámbulos retumbaban en la inmensidad del silencio y las luces caían amargamente amarillentas desplazando la oscuridad. El eco rudo de las tabernas aun abiertas en las que puñados de desgraciados intentaban ahogarse en alcohol chocaba con las engoladas voces que provenían de las reuniones donde burgueses y nuevos ricos, entre Chateau y Cava, se afanaban en contarse mutuamente proezas que ninguno había realizado.

Por las grandes arterias que conectaban con el corazón de aquella ciudad circulaban con cierto aire de indiferencia automóviles que creaban formas fantasmagóricas en los callejones donde dejaban caer sus luces.

Las patrullas nocturnas que decían hacer más segura la ciudad danzaban con zapatos de claqué y gorra de plato mientras vagaban lacónicamente por los lugares donde nunca ocurría nada.

La campana de la catedral había enmudecido por decreto ley hasta las siete de la mañana y aunque no importunaba los ciudadanos, las palomas que dormían en la torre cada noche aun podían oír el chirriar quejumbroso de las agujas del reloj.

En el centro de la ciudad había un imponente parque, todo él colmado de árboles y de setos que en así como en primavera rebosaban vida, en aquel momento presentaban una imagen deliciosamente agónica.

2 comentarios:

Joaquín Jesús dijo...

Gracias a la gentileza de la biblioteca local he podido manifestarme antes de lo previsto.

Un cordial saludo.

leo dijo...

jajajaja que bueno¡¡
la foto es increible. espero que estés bien en tus vacaciones. un besooooooo