"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



miércoles, 21 de octubre de 2009

La náusea


Soy una estructura de moléculas de carbono engarzadas primorosamente con ciertas cadenas de aminoácidos. Estructuras de ADN conforman toda mi materia. Cadenas de proteínas conforman mi piel y mis músculos. Mi cerebro envía orden de respirar a mis pulmones, una respiración que en los días buenos es lenta y pesada, y que en los malos produce un sonido similar al del papel viejo mientras se arruga. Mi corazón es un músculo envejecido y estúpido que se afana en latir sin saber por qué lo hace. Mi mente, una entelequia insulsa, se obceca en intentar comprender y fracasa una y otra vez sin cesar.

Eso soy, un amasijo de carnes y tendones que no sabe que hace ni para qué está aquí. Un cuerpo que camina por calles que hieden a sinsentido, un cuerpo que se lanza a la tarea del fracaso, una mente cansada de no encontrar lo que busca, una mente cansada de hallar lo abyecto.

La felicidad no existe, no es más que un simple concepto, un constructo, una promesa inalcanzable, una mentira vil. La búsqueda insuperable no crea más que la frustración de la derrota, paradoja de un destino infame: perseguir la felicidad provoca desdicha. Correr tras una sombra.

Yo jamás vi la felicidad, pero sí vi lo asqueante de la realidad, lo nauseabundo, lo hediondo, una realidad que provoca arcadas. Una realidad protagonizada por unos seres tan inicuos como los humanos, que henchidos el pecho de odio y de egoísmo, han escrito la historia de su desgracia, la historia de la humanidad.

Salir de la realidad parece la única salida, pero ¿qué sentido tiene el no ser? ¿Qué sentido tiene la nada? Si no merece demasiado la pena existir, mucho menos sentido hay en morir. Es curioso, estamos atrapados en nuestra propia desdicha, en un tren infecto del que uno no puede apearse, tan solo mirar por la ventana mientras en nuestro rostro se dibuja un rictus asqueado. Ver pasar las estaciones, los pueblos que emanan un grito cargado de salitre y odio, los páramos y las montañas, esperar a la última parada, esperar pacientemente que el viaje termine.

Reflexión para la asignatura Teoría del Conocimiento, 20/OCT/09

2 comentarios:

scaramouche dijo...

Páter,me veo obligado a comentar(aunque dije que no lo haría) debido a la genialidad que destila su post.Simplemente sublime,usted ya sabe cual es mi postura al respecto y obviamente suscribo cada palabra.Este post es en mi opinión lo mejor que ha escrito,posiblemente porque siendo quien soy,egocéntrico ante todo, siento que describe muchas cosas y sentimientos familiares.Reitero mi admiración sincera (la ironía la dejo para otro dia) y le garantizo que si ambos vivimos lo suficiente para tomar una copa brindaré por este post y por usted,Páter.Saludos,YO

Melisa dijo...

Me encanta cómo escribes. Lástima que entre la canción y este post todo se vea tan triste... decile a tu amasijo de carne y tendones que se dé un paseíto bajo el sol para cargar endorfinas.
Te felicito porque lo que hacés es muy hermoso desde mi humilde opinión.
Un beso,
meli