"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



sábado, 21 de noviembre de 2009

El hombre que regaba rosas


Hace ya demasiado tiempo, en uno de esos lugares cuyo nombre acabó diluido en alguna noche de tormenta, dicen que vivió un hombre extraño, un hombre que un día dijo: "no tengo nada más que decir" y que desde ese momento dejó de hablar.

Desde ese momento aquel hombre se retiró a una casa alejada y la rodeó de rosas. Cada día, al despuntar el alba, los gruesos y pétreos muros de la casa contemplaban la afanosa labor de aquel hombre solitario que con inusitada vigorosidad plantaba, deshojaba, limbiaba y regaba su jardín de rosas.

Cuando terminaba se metía en casa, miraba su jardín desde la ventana y suspiraba. Pasaron los años y el hombre se hizo viejo, los muros de piedra de la casa se cubrieron de musgos y el jardinero pintó de blanco sus cabellos; las rosas habían cubierto lo que antes era pradera y lo habían tapizado todo de rojo.

Pero un día en los ojos de aquel anciano que suspiraba mirando por la ventana se dibujó un brillo extraño. El hombre se levantó, fue por unas tijeras y salió a cortar rosas. Con primor, aquellas rosas que habían sido cultivadas durante toda una vida fueron amontonándose en una cesta que pendía del brazo del anciano. Cuando lo hubo llenado se encaminó hacia el pueblo del que un día partió guardando silencio. Mientras caminaba sus labios recordaron el canto y al llegar a las primeras casas aquel frágil anciano, cansado por la caminata, acercó sus nudillos temblorosos a la primera puerta que vió y llamó.

Cuando abrieron la puerta el viejo intentó recordar como se hablaba, pero al principio solo salió de él un suspiro cargado de letras. Hizo acopio de fuerzas y dijo: "he permanecido demasiado tiempo sin tener nada que decir; ahora por fin puedo decir algo: ¿quieres una rosa?".

3 comentarios:

la dijo...

es un texto precioso! me encatan de verdad!
un beso :)

Lau_R dijo...

:)

Carlos Alcaide dijo...

la poyita en... bueno ya sabes