"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



jueves, 31 de diciembre de 2009

Arrivederci

Y tras la tempestad, la calma. Un año miserable que termina con una noche hermosa. Y sí, se acabó el último año de la primera decena de este siglo y lo triste es que todo sigue igual, porque al fin y al cabo, aunque esta noche nos abracemos y besemos y nos deseemos un año maravilloso todo seguirá igual, pero bueno, eso, como todos sabemos, da igual.

Da igual por la sencilla razón de que debemos pensar que todo irá a mejor, que las cosas van a salir muy bien y que seremos la mar de felices, y debemos pensar esto por la sencilla razón de que bueno, si sale mal, pues mala suerte, pero al menos se ha intentado; nada de derrotismos.

Nosotros, hombres y mujeres, que estamos sentados esperando ver como se descalabra el infecto 2009, debemos intentar que el 2010 merezca la pena, y bueno, como probablemente no lo merezca, pues en el 2011 volveremos a beber champán, a tomar uvas y a desearnos las mejores cosas para el año entrante. Al final los griegos van a tener razón y el tiempo va a ser cíclico...

Pero bueno, a tomar viento eso de pensar, a engalanarse, a beber, a festejar, porque al fin y al cabo, un año es un año, y todo no va a ser malo.


miércoles, 30 de diciembre de 2009

Ojalá

Llevo un par de días intentando escribir algo decente para poder actualizar pero parece que mi musa está de vacaciones o se ha vuelto repentinamente idiota, así que voy a volver a recurrir al bueno de Silvio.

Esta es una de las canciones más bellas que he escuchado nunca y trata de ese mal endémico de nuestra humanidad llamado mal de amores. Imagino que cada uno podría cantarselo a cierta señorita o caballero, quienes probablemente no paren por estos lares dejamos de la mano de Dios, pero bueno, eso, imagino que ya da igual.


viernes, 25 de diciembre de 2009

Y a su frío lo llaman Navidad


Sus pasos pesados se encaminaron con desdén etílico hacia un destino demasiado cotidiano. Había desdeñado la compañía en el trayecto pese a que anhelaba no caminar solo; pero como buena parte de esa grey llamada humanidad, era terriblemente idiota.

Su respiración obesa sonaba como un papel viejo que se arruga. La estridente luz verde de una farmacia marcaba algo menos de las cinco y dieciséis grados de temperatura. El bullicio reía en lontananza mientras él se adentraba en la soledad del camino.

Su contemplar del inmóvil e inmutable adoquinado de las calles sucias de aquel lugar se vio interrumpido por la obscena visión de señores vestidos de rojo que cargaban sacos iguales a sus panzas: las luces que "adornaban" aquel trayecto no habían sido escogidas precisamente con elegancia.

Sus pasos le obligaban a subir cuando reparó en una pareja de adolescentes abrazados que lo miraron con recelo. Él, en compensación, porque al fin y al cabo era un caballero, les ofreció una mirada de odio.

Al llegar a la puerta que buscaba desenvainó su llave y con mayor o menor acierto logró introducirla en la cerradura. Una vez dentro, mientras su cuerpo se desplomaba sobre las escaleras recordó las últimas palabras que había intercambiado aquella noche con un ser humano:

- "Feliz Navidad"

viernes, 11 de diciembre de 2009

En estos días



En estos días,
todo el viento del mundo sopla en tu dirección.
La osa mayor corrige la punta de su cola
y te corona
con la estrella que guía,
la mía.

Los mares se han torcido
con no poco dolor hacia tus costas.
La lluvia dibuja en tu cabeza
la sed de millones de árboles.
Las flores te maldicen muriendo,
celosas.

En estos días
no sale el sol,
sino tu rostro.
Y en el silencio,
sordo del tiempo,
gritan tus ojos.

¡Ay! de estos días terribles,
¡ay! de lo indescriptible.

En estos días
no hay absolución posible para el hombre,
para el feroz, la fiera
que ruge y canta ciega:
ese animal remoto
que devora y devora
primaveras.

En estos días
no sale el sol,
sino tu rostro.
Y en el silencio,
sordo del tiempo,
gritan tus ojos.

¡Ay! de estos días terribles,
¡ay! del nombre que lleven,
¡ay! de cuanto se marche,
¡ay! de cuanto se quede.

¡Ay! de todas las cosas
que hinchan este segundo.
¡Ay! de estos días terribles,
asesinos del mundo.

Oda a las almas perdidas




Hablo a aquellos seres que bracean
en la oscuridad del silencio.
Llamo a aquellos que ya no combaten,
a los que postraron la cabeza diciendo:

"Aquí está mi alma náufraga;
tomadla y rompedla, quedáosla,
que sea pasto de la llama o de la ráfaga,
que sea de un rostro una máscara."

Grito a los cansados,
a los que lloran, a los que imploran
un beso, un abrazo, un halago,
a los que en la sombra moran,

A los desconocidos buscadores de luciérnagas,
a aquellos que insinúan mariposas en el aire,
a aquellos que no espero que entiendan
la gracia, el gozo y el donaire.

lunes, 7 de diciembre de 2009

Tic Tac




Mis estimados lectores, les invito a que hagan conmigo una reflexión:

Ahora son las 1:19 de la mañana (no sé a que hora leerán esto, pero eso es irrelevante) y están ustedes sentados ante su ordenador. En este mismo instante hay millones de primeros besos, millones de "te quiero" y probablemente igual o mayor cantidad de "adios". Cientos de miles de personas estarán conociendo a la persona que amarán el resto de sus vidas. Varios millones están agonizando en este mismo momento. Miles de sonrisas y de llantos brotan y se apagan mientras posas la mirada en estas líneas. Centenares de desengaños y miles de abrazos, rupturas, reconciliaciones, noticias terribles y buenas nuevas, despedidas trágicas y excelsos reencuentros, millones de parejas que hacen el amor, millones de personas que se dejan la vida en algún rincón del mundo.

En lo que he tardado en escribir el parrafo anterior habrán visto la luz cientos de miles de nuevas vidas, el SIDA se habrá instalado en algunos cuerpos nuevos y a otras tantas personas un médico les habrá dicho: "tiene ud. cancer". Varios miles de personas habrán decidido que no soportan más la realidad y habrán saltado hacia lo absoluto con una soga al cuello.

La infinidad de un instante, de unos minutos insignificante en nuestras vidas. Unos minutos que ud. ha estado sentado frente a su pc, pasando sus ojos sobre mis letras han sido suficientes como para cambiar miles de millones de vidas, unos minutos en los que ha cambiado el mundo.

viernes, 4 de diciembre de 2009

Muy Genial

"Las calles son de agua, ¡se puede ir al trabajo en morsa!"

H. J. Simpson mientras contempla una panoramica veneciana.

Retorno

Su cuerpo cansado se desplomó sobre la silla de su escritorio. Después de todo nada había cambiado, estaba exactamente en el mismo lugar de que había creido salir: las mismas imágenes, los mismos sonidos, los mismos recuerdos seguían haciendo el mismo daño.

Pensó que ya se pasaría, pensó que solo era uno de esos días tontos, pensó que era fuerte y podría salir de allí, pensó cientos de cosas inútiles que al fin y a la postre acabaría viendose abajo como un delicado castillo de naipes en una mesa cimbreante.

Hacía ya tiempo que sus labios no recordaban el humo y que su mente no braceaba intentando, ilusa, salvar la vida entre las aguas agónicas de la desesperanza, pero allí estaba, exactamente donde empezó.

Y exactamente como al principio, se sentó a contemplar las figuras que el humo hacía en el aire en la más absoluta soledad.

Ese era un día horrible.

miércoles, 2 de diciembre de 2009

La muerte de las estrellas



“-¡Un día vi ponerse el sol cuarenta y tres veces!

Y un poco más tarde añadiste:

-¿Sabes? Cuando uno está verdaderamente triste le gusta ver las puestas de sol.

-El día que la viste cuarenta y tres veces estabas muy triste ¿verdad?

Pero el principito no respondió.”


Antoine de Saint Exupéry



Uno de los espectáculos más hermosos, conmovedores y tristes de los que puede disfrutar un hombre es el de una puesta de Sol. Es sencillamente prodigioso contemplar como el Astro Rey desciende agonizante, poco a poco, desangrándose en un sublime cuadro de colores, hasta que el último rayo, la última esperanza, sucumbe dejando paso al reino de las tinieblas.


El ocaso. El fin. La muerte. La oscura sombra que se cierne sobre todos y cada uno de nosotros. Aquella barrera insalvable con la que hemos sido marcados: recuerda que del polvo fuiste tomado y al polvo has de volver (Gn 3, 19). Con la primera bocanada de aire que tomamos se nos insufla el temor por saber que habrá una última.


Si hay algo que es innegable es que somos seres finitos, al menos físicamente. Ante esta evidencia, nosotros, los mortales, no hacemos otra cosa que agazaparnos en un rincón y llorar; teñirnos de luto, preparar nuestras propias exequias.


El Sol, en su decadencia, figura una estampa tan hermosa que parece salido de la manos del Docto Pintor, realmente emociona contemplar la armoniosa extinción de su vida; pero sabemos que su renacimiento es seguro. Nuestro renacer tras la visita de la parca no está para nada asegurado y nuestra unión con lo Absoluto no es precisamente hermosa. Si hay algo que tememos por encima de la muerte es el dolor.


Somos cobardes, eso es cierto. Podríamos encarar la muerte con la seguridad de que al menos hemos vivido, mejor o peor, pero lo hemos hecho, pero aun así, en una mezcla de cobardía ante lo desconocido y en un último arrebato de egoísmo, un “quiero más” llevado hasta el extremo, nos lamentamos de nuestra desgracia en un gesto final de autocompasión.


Ciertamente es mucho más consecuente morir con la misma villanía con la que se ha vivido que hacer un intento final por parecer que nuestra vida ha sido benemérita; de todos modos nunca se habla mal de alguien en su funeral.


El miedo irracional hacia nuestro final condiciona nuestra existencia. Mientras escribo estas líneas y mientras usted las lee la Parca está pacientemente midiendo el hilo que inexorablemente ha de ser cortado, pero, sinceramente, esto no me preocupa. Quizás, considerando la vida como un regalo perdamos un poco el miedo. Aunque mi concepción de la existencia me haga temer un Juicio del que probablemente no salga impune, no tengo miedo a morir, al menos ahora. Soy un hombre, una desdeñosa criatura fabricada por el Demiurgo en un día aciago, así que seguramente en mis últimas horas miedos terribles me acongojen y todo esto que escribo y digo no sean más que papel mojado, un desacertado escrito en una tarde de lluvia, embriagado por una nube de humo del mil cigarros y una taza de café, mientras desde lo profundo suena la marcha fúnebre de un polaco llamado Chopin, pero al fin y al cabo, prefiero pensar que mi pulso no temblará en mis últimos instantes. Prefiero vivir pensando que esta vida es más que una burla cruel, y si así lo es, una jugarreta del azar, me temo que nunca llegaré a saberlo.


Y contemplaré cada vez que pueda una puesta de Sol, porque me hace feliz pensar que en la belleza de la naturaleza queda escondida la esperanza de que nuestra breve estancia en el Universo, el efímero tiempo en el que somos, realmente tenga algún sentido.


PS: Me van a perdonar ustedes, pero ya tocaba actualizar y he tenido que tirar de archivo porque no se me ocurre nada decente. Éste es un textillo que escribí el año pasado para el bueno de Salazar, que impartía por aquel entonces Fª de la Naturaleza. La foto pertenece a cierta señorita muy querida por mi.