"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



viernes, 31 de diciembre de 2010

El Rey ha muerto, viva el Rey

En el año en el que los rostros se difuminaron, no porque yo no quisiera verlos, sino porque mis ojos se cansaron de ser la ventana del alma. Cuando Borges me enseñó que este Universo me necesita, nos necesita, te necesita. Después de que los muros me hablaran en el silencio de las soledades, entre campanas, oficios y letanías. Porque en Londres hay demasiada gente, porque en Madrid estaba Rubens y en Roma estaba Roma. Por Calaf, Turandot, Mimí, Rodolfo, poetas, príncipes, emperatrices y tísicas, por las insoportables levedades, por los ambitos finitos de sentido, por el yo absoluto, por Ramsés, por Nefertiti, por el custodio de los cielos, por el guardián de las llaves. Tras las fontanas, bajo Bernini, entre San Pablo, San Pedro, San Juan. Cansado por todos los kilómetros recorridos.

Nosotros, fetichistas de fechas, que confundimos arrancar hojas del almanaque con cerrar puertas, que nos engañaron con la fábula del calendario y creemos que los relojes dan vueltas por algo.

Con las cajas de bombones, con las chicas que miran al horizonte, besando los insondables ojos azules, los pardos, los oscuros, los verdes. Ahora que mi bigote juega a ser daliniano mientras duermo, ahora que ya no quiero ser feliz, cuando mi piano soportó mi peso, cuando alcé mi copa con la tuya, cuando nuestras bocanadas de humo se encontraron.

Todas las veces que fui un imbécil, un arrogante, un miserable, todas las que fui humilde, todas las que te tendí la mano o me la tendiste. Cada instante acuchillado en mi cuaderno de notas, toda la tinta llorada.

Los periódicos amontonados me amenazan desde el rincón. Te he vencido, maldito. Y sólo nos queda celebrar la insulsa fiesta de la supervivencia.

A ti que soportas el universo. Feliz año nuevo.

martes, 28 de diciembre de 2010

Making Makes


El cielo era azul y el sol se escondía en alguna parte. Hasta aquí todo aburridamente normal. Pero ella miraba el horizonte, y obviamente alguien que mira el horizonte o bien busca algo, o bien lo espera. La vida es demasiado breve como para permitirnos mirar el horizonte sin más. Hay gente que mueve sillas buscando atardeceres, pero son personajes de cuento.

Y mientras yo he escrito todo esto, ella sigue mirando el horizonte. Yo he escrito muchas veces que me gustan especialmente los silencios que hablan por los ojos, por la sencilla razón de que son terriblemente sinceros, humanamente honrados.

Pero en definitiva, ¿qué espera mirando el horizonte? Ver crepúsculos menos tristes, ver amaneceres dichosos, ver como la esperanza asoma con su manto verde en las tardes de invierno. Mientras ella se ha tatuado de arcoiris los pies y espera vientos mejores para emprender el vuelo, tormentas que lleven a ninguna parte, playas tranquilas donde naufragar.

domingo, 26 de diciembre de 2010

Cuento de Navidad


La ciudad ardía bajo los árboles y los niños huían de los ángeles que habían dibujado en la nieve. Las sonrisas lloraban a la puerta de las salas de baile mientras la policía que no entiende de flores perdidas disuelve la soledad de las calles.

Él se había sentado sobre su sombra y veía las estrellas caer a tierra. A unos pasos las viudas brindaban con champagne y los muertos enterraban a sus muertos. La lluvia fina comenzó a besar a la nieve. Entonces sonó su teléfono y despidiéndose de su sombra se marchó.

Cuando llegó vio el cuerpo yaciente, azulado, frió, muerto y varios hombres miraban con sonrisas burlonas aquel cadáver.

-¿Qué habéis hecho?, preguntó tranquilidad.
-"Yo" ha muerto, era lo justo, le respondió uno.
-No lo entiendo.
-Se había olvidado a sí mismo, lo hemos matado por piedad. "Nosotros" quedamos ahora, "Yo" nos creó, nos utilizó, se ocultó bajo nosotros, le protegimos, pero su cobardía era inaceptable. Se había convertido en un viejo inútil, carcomido por su creación. "Yo" está mejor muerto, las existencias lamentables son demasiado crueles, sentenció otro.
-No teníais derecho.
-Oh, claro que sí. ¿Para qué están las creaciones sino para sustituir al creador? "Yo" no valía la pena, ya lo había dicho en "Nosotros", se había quedado mudo y por eso lo hemos matado, dijo un tercero.
-Requiem aeternam dona eis, Domine...
-et lux perpetua luceat eis.
-Bueno, me voy, avisadme para el funeral.
-Excelente, ten cuidado con enmudecer, dijo una sonrisa burlona.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Moleskine

El frío le mesaba las barbas y él sostenía en sus manos un pequeño cuaderno negro. Sobre el escritorio se apilaban periódicos viejos y una pequeña atalaya constituida por el correo sin abrir. El barruntar cotidiano de la calle entraba sin llamar por la ventana y el trasiego de gente en casa recordaba su presencia dando zapatazos en la escalera.

Seguía mirando aquel cuaderno, lo acariciaba con recelo, como a un perro que puede morderte. Al final decidió buscar sus gafas y al colocárselas abrió aquel cuaderno en el que había ido confesando su vida. Todas las cosas que no se había atrevido a contar a nadie estaban en aquel montón de papel encuadernado en tapas negras. Y comenzó por la primera página a recordar quién había sido.



De fondo sonaba un lamento para tenor. Cuando terminó, con los ojos cuajados en lágrimas, se dijo que jamás volvería a querer saber quién era.

lunes, 20 de diciembre de 2010

Scripto




Doblado sobre sí escribía con furia. Apuñalaba el papel con trazos negros.

-¿Te pasa algo?, le pregunté.
Shhh! Estoy terminando.
-¿Qué?
-No lo sé. Haz el favor de dejarme acabar.

Retrocedí y salí por la puerta. A las pocas horas lo vi salir con un legajo manoseado. "Mira", me dijo. Lo cogí entre mis manos e intenté descrifrarlo: sólo eran un montón de palabras sueltas. Le miré y le pregunté:

-Pero, ¿qué diablos es esto?
-No lo sé, me dijo sonriendo, pero por fin lo he terminado.

martes, 14 de diciembre de 2010

Lettere

Hoy me han dicho que se escribe para no justificar la soledad en la que se vive, y no sé si creérmelo. Yo siempre creí que se escribía o bien para contar algo o bien para inventarnos aquellas vidas que siempre quisimos vivir. Si algo aprendí de los libros de historia es que el hombre tiene ese insatisfecho deseo de ser Dios, pero Dios parece jugar a desbaratar nuestros castillos de naipes. Pero ¿qué es escribir sino crear mundos?

Yo he poblado mis soledades con historias que he ido pegando en las paredes y he creado ojos para los cuales no paso inadvertido. Una maqueta a escala 1:1 del País de Nunca Jamás construida en mi sala de los pasos perdidos. Y si nadie me descuelga el teléfono yo escribo alguien sobre cuyo hombro llorar. Lo mejor es que los hago como quiero, bueno, en realidad, como me dejan. Al fin y al cabo uno no puede salir de uno mismo. Y no me queda otra que ser yo.

El dolor también sabe de prosas, la alegría mucho menos. Los recuerdos imprimen sobre papel amarillento vidas ya muertas.

Pero al fin y a la postre las letras no son sino saetas con las que puedes dibujar cartas de amor o epitafios. Y yo ya tengo testamento.

jueves, 9 de diciembre de 2010

Se va el alma silenciosa por la ventana

No sé por qué, pero cada vez que me marcho me pregunto si volver. Pero imagino que será una de esas preguntas que no llevan a ninguna parte. Simplemente se hacen porque hay que hacérselas, porque si no nada tiene sentido. Es como preguntarse si se puede amar despacio o por qué la noche es triste. Sencillamente para ser quien eres hay que hacérselas. Quiero decir que no puedes no hacerlas. Y me entristece que haya gente que no se las haga. Quizás así son más felices. Quizás no.

Bueno, en resumidas cuentas es que me voy, pero creo que esta vez volveré. Realmente no me queda otra. No es justo para nadie quedarse varado en costas ajenas, o tal vez es solamente inútil. Hemos ordenado a las personas con leyes de extranjería. Bendita burocracia de almas.



Nos vemos a la vuelta.


martes, 7 de diciembre de 2010

Conclave



Mandé construir esta casa porque estaba cansado. Siemplemente agotado. Ordene levantar unos muros tan altos que nadie pudiera saltar. Tras ellos, amplios jardines donde poder descansar, con árboles que dieran sombra y flores que alegraran la vista. Y luego, luego estaba la casa. La hice construir de piedra, recia, augusta, con amplios ventanales para poder ver mi jardín y el muro. Pedí que llevaran todo aquello que amo en este mundo: mi biblioteca y mi piano.

Luego, hice lo más importante, tapié la salida del muro. Me he cansado del mundo, yo, duque de desagravios, marqués de soledades.

viernes, 3 de diciembre de 2010

Marc, Manuel, Manel

A Manuel, feliz cumpleaños.

Sé que es ingrato encalar los muros en los que escribimos nuestras vidas, pero en definitiva, no queda otra. Quiero decir que envejecemos sin miramientos y que crecemos menos de lo que deberíamos. Simplemente, salvo que se tenga un medidor de infinitos, el tiempo nos tatúa con tu tic-tac cicatrices que rara vez elegimos.

Sencillamente se trata de sobrevivir. Aunque la verdad es que no es tan malo como lo suelo pintar, pero como comprenderán ustedes si no me pongo dramático me quedo sin material sobre el que escribir. Y no es que no sea tan malo, sino que a veces encuentras excusas para no saltar por un balcón. Por alguna causa o destino algún día te encuentras con usa sonrisa con cuerpo que te recuerda incesantemente que estás como una cabra.

Y lo gracioso es que aunque tu estés como una cabra él te soporta sin perder un ápice de jovialidad. Siempre respeté a los hombres que miran las estrellas y a veces un pájaro te hace recordar que se puede volar.

Tarde o temprano los árboles empiezan a perder las hojas y tapizan con sus esquelas marchitas las grises aceras de la melancolía. Y podría escribir siempre frases tan tristes, porque a mi me gustan los cielos nublados. Pero tengo la enorme suerte de tener sonrisas perpetuas que despejan de cuando en cuando las lágrimas condensadas en las ventanas.

viernes, 26 de noviembre de 2010

En mi calle


La última vez que lo vi parecía acabado. Estaba despeinado, tenía la barba descuidada, se había vestido de cualquier manera y no hacía otra cosa que pasear sus manos temblorosas por la cara, mientras hablábamos, como quien intenta quitarse una mancha.

La verdad es que me preocupó bastante a pesar de que él me aseguraba que estaba bien; esos son los más peligrosos.

Me contó que seguía tocando el piano y que había vuelto a fumar. Se quejaba mucho porque decía que hacía meses que no le salía un verso bueno. Ya por entonces se había acostumbrado a la tristeza.

El abrigo largo, descolocado, tenía los bolsillos minados de libritos que iba dejando caer cada vez que rebuscaba entre ellos un mechero.

Como os digo, la última vez que lo vi sentí una profunda tristeza. Cuando abandonó la cafetería vi que se le había escurrido un papelito arrugado de algún bolsillo. Cuando se fue, lo cogí y lo leí.

Con una letra histérica aquel mensaje rezaba: "¿Por qué cantan las sirenas?". Y vi desdibujarse su paso cansado a lo largo de la calle.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Vidi

El mundo se desteñía en formas cansadas y vagas. Las luces se precipitaban contra mi. Yo entornaba los ojos. La realidad se disolvía como un azucarillo en colores mixtos, en formas diáfanas que huían persiguiéndose.

Los cristales se empañaban y el universo era confuso. Las letras se daban la mano y los violines se mezclaban con las flautas. Los movimientos dibujaban estelas que se iban apagando tristes. El tiempo se hizo oxímoron y las constelaciones jugaban a esconderse. La calle se veía cansada.

Aquella tarde los naranjos pintaros sus hojas y verdearon sus frutos mientras los trenes confundían sus destinos.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Yo, que soy yo

Y un día descubres que en mitad de un aguacero puedes entender a Beethoven, y llegas empapado a clase pero sonriendo. Yo, que soy yo aunque a veces se me olvide. Esta tarde me he sorprendido dibujando figuras con humo.

La mayoría de los problemas surgen cuando voy a visitar a ese caballero desaliñado que me mira con los ojos pegados por las mañanas al otro lado del espejo del baño. La verdad es que no sé que hace ahí, pero día tras día, persistente, obstinado, idiota, se asoma al otro lado. Pero bueno, imagino que habrá que dejarlo estar.

Personalmente siempre he preferido mi sombra a mi reflejo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Luego se fue

La última vez que la vi había en sus ojos un brillo escarchado mientras me decía adiós. Luego se fue, pero ¿quién no se va?

Las luces de los coches jugaban con nuestras sombras y el otoño tapizaba con su particular parqué el sufrido suelo gris de la ciudad. Luego se fue, pero ¿quién no se va?

Recuerdo su voz, su sonrisa, sus palabras nerviosas, su piel temblando. A lo lejos pasaba algo que ya nadie recuerda. Luego se fue, pero ¿quién no se va?

No digo que no la eche de menos, pero eso da igual, porque luego ella se fue, pero ¿quién no se va?

Luego comenzó a llover, y la lluvia deshizo la escarcha de sus ojos, arrastró las hojas muertas por el frió, apagó su voz, desdibujó su sonrisa, apagó sus palabras y abrasó su piel. Luego se fue y no volverá.

domingo, 31 de octubre de 2010

Oranje juice


A quien tanto ha amado

Y entonces él se sentó donde había estado la naranja, la más perfecta, la más genial. Y ahí estaba ella, pequeña y radiante, creando en sus ojos universos infinitos. Quien puede enamorarse de una naranja puede hacer casi cualquier cosa. Y emprendió la más extraordinaria de las tareas: ella imaginó.

Le puso nombre, inventó su vida, pensó sus deseos y miró en sus ojos. Fue desgajando silenciosamente cada uno de sus días, libando la acidez cítrica que engrasa el mecanismo de los corazones, resbalando en la pulpa sediciosa de la melancolía. Quiero decir que se enamoró.

Creo sinfonías perfectas que jamás pudieron sonar y enjugó con versos la hiel del desconsuelo. Fue moldeando, exprimiendo, creando, viviendo en aquel amor que ella misma había creado.

Como todas las grandes historias, ésta no puede contarse. Quiero decir que los tinteros no tienen derecho a embalsamar el humo de los sueños esgrimiendo sobre el frío papel el fuego que nunca vieron, quiero decir que la acidez que besaron esos labios no puede verse sino en la mirada de sus ojos nerviosos y en su sonrisa rutilante. Quiero decir eso, que el alba ya ha visto desmoronarse sobre el mar demasiados sueños.

Y que probablemente él, el hombre-naranja, jamás sea consciente de que ha formado parte de la más osada, grandiosa, vital, altiva, majestuosa, ácida, cítrica, fantasía. Porque hay historias que están reservadas a esos seres que viven soñando, piensan amando y mueren sonriendo.

lunes, 25 de octubre de 2010

Anecdotario

Cuando tenemos algo que no "sirve" lo metemos en un cajón o lo relegamos a una estantería para que el polvo oculte su inutilidad.

Yo hice lo mismo hace unas semanas con un antiguo reloj. El reloj en cuestión era de mi bisabuelo y lleva alrededor de 80 años parado. Con toda mi ilusión lo llevé a una relojería del centro donde cogieron mi ilusión y la rompieron en pedacitos: el reloj no tiene arreglo posible.

Como les he dicho, cogí el reloj y lo metí en un cajón de mi escritorio; no puedes tirar a la papelera algo que lleva en tu familia cuatro generaciones, pero esta tarde he descubierto algo maravilloso. Mi reloj no sirve en este mundo.

Quiero decir que es evidente que un reloj que no funciona no cumple ninguna función pragmática. Y este reloj no puede funcionar, está irremediablemente roto.

Pues bien, mi reloj no puede funcionar en un mundo finito, pero en un mundo infinito es totalmente operativo, porque donde no existe el tiempo los relojes no dan vueltas. Alguien extremadamente sabio preguntó una vez dónde está el sentido de las agujas del reloj. Pasar y pasar, ser siervas de la finitud. Pero no, mi reloj no.

Tengo un medidor de infinitos.

viernes, 22 de octubre de 2010

De Don Giovanni al Burguer King

1.- Sustituye la épica muerte de uno de los personajes en un duelo a espadas por un palazo en la cabeza.

2.-Haz que la gente se pase toda la obra tirada en el suelo o en marquesinas de autobuses.

3.- Convierte a tus personajes en heroinómanos.

4.- ¿Para qué vas a gastar en escenografía? Usa árboles de PVC.

5.- Sustituye un clavicordio por un piano y haz que entre a destiempo.

6.- Usa voces meridianamente buenas para que todo duela más al ver cómo se retuercen en el escenario.

7.- Adapta la coreografía para que no coincida en absoluto con lo que cantan los personajes (Es simple "Abre la puerta" y están en medio de un bosque, esto es muy cool).

8.- Colócale a un personaje mítico de la ópera una corona del Burguer King.

9.- ¿Para qué vas a cambiar el aspecto de un personaje que es un fantasma? Ponle una venda en la cabeza, el público lo entenderá.

10.- Representa la obra pero sáltate el trozo del final, a nadie le importa, corta cuando te de la real gana.

Pues eso, que vengo de ver Don Giovanni y me ha gustado una barbaridad. Para lo que ha quedado el festival de Salzburgo.



Claus Guth, así revientes maldito imbécil : )

miércoles, 6 de octubre de 2010

Pueblan tus vacuos ojos las visiones nocturnas

A ti

¡Cuántos mundos se han destruido en tu ausencia! Siempre es triste ver apagarse estrellas. Los ojos que se sacian de noche se vuelven absurdamente cobardes a la luz.

¿Por qué los relojes no dejan de hacer tic-tac? Las agujas ya no tienen sentido, sencillamente giran. Lo vemos, lo tocamos, lo entristecemos, lo morimos. Y sin embargo ese invisible muro de melancolías no nos deja tocar el mundo.

Ya no sé con qué pretexto comencé estas líneas, pero odio la inacción de la distancia y el silencio de tus labios. Pero no pasa nada. Sin un temor de más me abrazo a tus ausencias, y no me pienso soltar salvo si me ordenas saltar por la borda.

No me gustan las grandes historias porque siempre terminan mal, supongo que como todo es cobardía. Sigo creyendo que las estrellas son buenas excusas para recoger pedazos de uno mismo y que las rosas son escandalosamente incómodas de transportar. Y recuerdo tu sonrisa, esa triste, fuerte, débil, aguerrida, mutilada, rojiza, sombría, luminosa, cálida razón para seguir vivos.

domingo, 3 de octubre de 2010

Soliloquio


-Ahora tengo ganas de morirme.
-Pero...¿qué te pasa?
-Nada, todos se han ido.
-No, yo estoy aquí.
-No mientas, a ti te he creado yo.
-¿Y qué más da?
-Sólo eres un producto de mi desesperación. Y yo quiero morirme. Simplemente me he cansado de soportar la cotidiana y mecánica respiración del humo de los días. No quiero seguir metabolizando melancolías. Todos los que alguna vez fueron importantes se han ido, han embarcado hacia el amanecer y han desplegado sus velas en pos de horizontes mejores, aquí hace mucho frío.
-Pero sabíamos que eso pasaría, siempre se van.
-¿Tú crees?
-Soy tu desesperación, sólo creo lo que crees tú.
-Es cierto, pero, ¿sabes que es lo más triste?
-No.
-Que no hay nadie en el espejo.

sábado, 2 de octubre de 2010

El Silencio

El silencio tiene una enorme ventaja: no puede mentir. Bajo su callada mirada se esconden las sentencias que más miedo tenemos a pronunciar. Su perpetua sinceridad. Los silencios hablan con los ojos.

Unos labios cerrados al interrogante guardan en sus comisuras las más atroces confesiones y los teléfonos que no se descuelgan no son otra cosa que el grito delatado de nuestra más oscura, notoria, palpable cobardía.

Un diario en blanco dice mucho más que las detalladas y abigarradas notas de unas memorias porque simplemente aquello que callamos (nuestro miedos, nuestros inconfesables deseos, nuestras pusilánimes cobardías) son lo más nuestro, aquello que nos obliga a ser lo que somos.

viernes, 24 de septiembre de 2010

Carta a un naufrago

El salitre ha devorado tus palabras y las ha transformado en locura, pero no te preocupes, los mundos de los locos son tan hermosos como éste.

Sé que nunca leerás esto, pero de eso se trata, ¿no?, de escupir palabras como metralla para herir las almas aletargadas y sangrarlas del exceso de la mesura. Pobres de aquellos que no pueden soñar.

La soledad no es algo que se aprenda en la escuela, pero podrían escribirse espesos tratados de filosofía sobre ella. Como todo lo importante, no te lo enseñan en ningún sitio. Aprovecha las heridas antes de que cicatricen o jamás entenderás el dolor.

Las almas claras son tristes, busca siempre las oscuras, las profundas, las densas, las sonrisas que tras de sí ocultan un ramo de flores marchitas, las miradas insondables que te cambian la vida.

¿Qué nos queda sino mirar debajo de la niebla?

Sólo una cosa más: no creas que tu balsa es menos pasada que mi faro.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Carta de un náufrago

La máquina de escribir se ha encasquillado y no puedo seguir disparando palabras. ¡Qué tristeza la del soldado que no puede combatir! Hoy nada va bien.

Ajeno a la destrucción de otros mundos yo me aferro a mi balsa, esa misma que carcome mis entrañas, esa misma que a la deriva me aleja de cualquier horizonte de esperanza.

Hemos visto desmoronarse el arco iris y derruir ciudades en su caída y a la aurora destrozar los sueños más hermosos y los más horribles.

Y yo, en mi balsa, vagando, consumiré mis días.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Sólo un minuto


De todos los minutos uno. Uno para recordar, uno, uno sólo. Uno para esa tristeza de manantial, para ese fantasmagórico amanecer en otros latidos, para esos enemigos de ensueño que te enseñaban a vivir y para esos amigos olvidados, piratas que nunca atravesaron Hornos.

De todos los minutos uno. Uno para esos cadáveres que se amontonan sobre el escritorio, para limpiar del abrecartas la sangre de los sobres, para dar brillo a las ventanas con las lágrimas.

Para esos descafeinados tatuajes que lucimos como cicatrices. Sólo un minuto para quitar el escaramujo de la proa y besar los labios salinos del mascarón.

¡Cuánto se anhela aquel veneno de la vida! Pero sólo un minuto, sólo uno, para mirar la luna con tus ojos y para subirme a cantar con las aves del alba al atardecer.

Sólo tocar aquellos versos de corchea y nada más. Sólo es silenciarte con un beso la melancolía. Las rosas que nunca regué me miran recelosas porque no las dejé marchitar.

Para hablar de la muerte contigo y que me sonrías y en la locura de mis versos evoques tristes disparates de insomnio.

Sólo trocar el ámbar en caricias, pero sólo eso. Un minuto para toda la eternidad.

Luchemos con tinta una vez más para que pueda derramar mis entrañas en borrones alegres.

Me acercaré a las estrellas para comprobar si cantan y luego te lo contaré, aunque no quieras oírlo, aunque te vayas yo se lo diré a tu ausencia.


Sólo un minuto, ¿recuerdas? Tic-tac, tic-tac...¿lo oyes? Es tu corazón (ese de mi, de ti, de todos, de los que están, son, fueron, habrá) que se apaga.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Estampas de Roma


Dónde pongo lo hallado
en las calles, los libros, las noche,
los rostros en que te he buscado.


Dónde pongo lo hallado
en la tierra, en tu nombre, en la Biblia,
en el día que al fin te he encontrado.



Qué le digo a la muerte tantas veces llamada
a mi lado que al cabo se ha vuelto mi hermana.
Qué le digo a la gloria vacía de estar solo
haciéndome el triste, haciéndome el lobo.

Qué le digo a los perros que se iban conmigo
en noches pérdidas de estar sin amigos.
Qué le digo a la luna que creí compañera
de noches y noches sin ser verdadera.

Qué hago ahora contigo.
Las palomas que van a dormir a los parques
ya no hablan conmigo.

Qué hago ahora contigo.
Ahora que eres la luna, los perros,
las noches, todos los amigos.