"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



miércoles, 24 de febrero de 2010

Tiempo para ser fantasma


De pronto dirigió su mirada al espejo y sonrió. Sonrió no con una de esas sonrisas que se usan para complacer, no con una de esas sonrisas que dicta el protocolo, no con una de esas sonrisas que se usan para despreocupar, esas que preceden a un "estoy bien". No, aquella no era una de esas sonrisas, aquella era una sonrisa, una de verdad.

Por aquel tiempo sonreir era algo dificil, no porque estuviera prohibido, no porque estuviera grabado con algún tipo de impuesto o sencillamente porque no estuviera de moda, no, tan solo en aquel momento sonreir era dificil. Ciertamente nadie sabía el por qué pero podría ser porque nadie se había dedicado a indagar: a veces las cosas se esconden bajo la molicie de las mentes.

Ella se encaminó escaleras abajo con ademán jubiloso y salió a la calle. En la calle todo era siempre distinto. Aquella mañana el sol discutía alegremente con las nubes pero la alegría parecía haberse reducido a eso, a una danza celeste y a su sonrisa, porque en la calle la gente estaba triste, no con esa tristeza fingida de funeral de estado, no con esa tristeza que se se olvida, no con esa tristeza que se cura con pastillas, sencillamente la gente estaba triste.

Entonces ella vio como su sonrisa se desmoronaba ante el gris espectáculo de la cotidiana destrucción, así que se sentó en el suelo y comenzó a llorar.

1 comentario:

Rudolf Trefflich Esel dijo...

De pronto leo el relato y me entran ganas de sonreir. Pero no con esa sonrisa de autosuficiencia, no con esa sonrisa de credulidad, no con esa sonrisa de asombro, esa sonrisa de arlequín muerto ni de payaso sin pintura; sino con una sonrisa triste que se adivina en el rostro de la protagonista de tu relato. Permíteme que te la tome prestada durante unas breves líneas...