"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



martes, 30 de marzo de 2010

Lento y triste

Y era triste, triste como un silencio, triste como un canto amargo, triste como un cisne muerto, triste como un árbol sin hojas, triste como un ramo marchito, triste como una lápida cubierta por el musgo, triste como el recuerdo de un beso, triste como un llanto ácido, triste como un amor que termina, triste como un deseo que muere, triste como un bosque que caduca, triste como un ángel que envejece, triste como contemplar un atardecer en soledad, triste como un piano que no suena, triste como un payaso muerto, triste como un viejo sin dientes, triste como un tiempo que se acaba.

Y era tan triste que apenas podía mirarlo porque los ojos se le cuajaban de lágrimas, y el tiempo pasaba y todo, absolutamente todo seguía igual, y él sentado en su rincón, solo, con esa soledad que desgarra el alma, seguía mirándo la sombra que la luz amarillenta que se colaba por la ventana le dibujaba sobre el suelo.


sábado, 27 de marzo de 2010

La Creación V

La lluvia tocaba el piano sobre el mundo y era hermoso y triste. El sonido se esparcía colmando cada brizna de aire y teñía las respiraciones de un olor melancólico.

Los peces comenzaron a llenar los mares con sus llantos y las aves intentaban huir de sus sombras volando cada vez más alto. Y los silencios morían. Y todo se veía invadido de aquellas notas. Y en lo alto las estrellas sentían envidia. Y en lo profundo se asentaban las almas. Y todo era lento, lento y terrible, lento y doloroso, lento y mortal.

La música envolvía los cuerpos y los amortajaba mientras el universo lloraba polvo de estrellas.




Y hubo tarde y mañana: el quinto día.

miércoles, 24 de marzo de 2010

Lo fatal

¿Sabes que es lo más triste? Que todo da igual. Que todo lo que hagas dará igual y que las decepciones se irán amontonando sobre tus hombros hasta que te aplasten. Y sí, lo sé, te dirán que exageras, que hay cosas buenas y que la vida es maravillosa. Y sí, te mentirán.

Porque después no hay nada y todo seguirá exactamente igual contigo o sin ti, porque no importamos nada en absoluto, porque el existir no es vivir y porque las ilusiones solo son quimeras, quimeras que derraman un hálito amargo sobre los corazones.

Y la primavera pasará y volverá el otoño, la elegía de la muerte y el silencio de las almas. Y el sol se apagará como lo harán tus ojos, esos mismos ojos que se han hinchado de ver como todo se caía. Saltar al pozo de la desesperación y alojarse en él.

Yo mientras iré desenpolvando mi revólver.

La Creación IV

Una luz plateada y mortecina saltaba para descalabrarse sobre el agua. Allí, en lo alto, las estrellas con porte altanero contemplaban juzgando el salto de suicidio. La luna se vertía por sus heridas pero a ella le daba igual: su sangre irrigaba los campos y las aguas y ella moría mientras esperaba el amanecer.

El alba llegó coloreando aquel espectáculo de muerte, porque el horror si se torna bello, parece menos horror. Y la tierra sintió sobre sí los pies desnudos del día y todo se inundó de llanto.

Y hubo tarde y mañana: el cuarto día.

jueves, 11 de marzo de 2010

La Creación III


Las erizadas crestas de la mar seguían suicidándose besando la orilla mientras las gaviotas vitoreaban el obsceno espectáculo de muerte. El mar nacía para inmolarse y las aves nacían para ser asesinadas por el tiempo, así había sido y así debía de ser.

Dentro, los manzanos se deshojaban con la esperanza de la fruta futura, vil promesa de vida eterna. Los campos henchidos de muerte habían quedado como reducto del silencio, un silencio que de manera pusilánime habían intentado encerrar entre las tapias del cementerio.

La neblina gris de la melancolía se mezclaba con el olor almizcle de la desilusión que saltaba de los féretros y de las lápidas. Al fondo unos ojos vieron y una voz dijo que era bueno.



Y hubo tarde y mañana: el tercer día.

PS: Es totalmente necesario leer este post con la música sonando.

martes, 9 de marzo de 2010

La Creación II


El silencio se vio mojado por el rocío de la mañana y se sintió ultrajado por el canto de las aves. Las últimas estrellas abandonaban al alba a su suerte y los pasos de algún dios celeste sonaban presurosos, como quien corre para esconderse.

Las gotas de rocío se posaron sobre los cuerpos que aun no habían sido recogidos, cuerpos que tenían grabados el caliente rostro de las estrellas.

Arriba el viento descorría los visillos de la noche para que el sol pudiera destapar al mundo de la tiniebla y así acariciar con sus brazos cálidos a las flores y a los árboles y a las aguas y a los rostros y a las piedras y a las grutas y a las manos y a las campanas y a los cerros y a las golondrinas y a las semillas y a las cárcavas y a los ojos cansados y a las miradas perdidas y a las caras viejas y rotas y a los corazones moribundos.

Y hubo tarde y mañana: el segundo día.

lunes, 1 de marzo de 2010

La Creación I


El silencio se derramaba por los cuerpos, por las calles, por las aceras, se había lanzado por las ventanas y se había estrellado sobre los árboles. Las gargantas habían callado, los corazones se habían detenido, los ojos se habían apagado, las respiraciones se habían perdido.

La nada nadaba canturreando una letanía vulgar mientras los enfermos de sinsentido chocaban contra los muros. El sol brillaba con indiferencia.

Las hojas de los árboles habían detenido su caer y la farola rota del parque seguía aún encendida y el viento mecía los columpios en ademán triste y solemne.

Por las ventanas se defenestraban las ilusiones de una niñez ya perdida, de una madurez inconclusa y de una vejez innecesaria y los barrenderos debían dedicarse afanosamente a recoger los cadáveres que se amontonaban en las aceras. De fondo, rodando por las calles, con dulzura, sonaba un tango.

Y hubo tarde y mañana: el primer día.