"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



jueves, 20 de mayo de 2010

A verbis ad verbera

Viene de ...

El día que la ética se descalabró Rudolf estaba en su cama babeando sobre la almohada. Como puede verse no era amigo de la elegancia y había tenido más de un vis a vis con la dama inoportunidad, pero nada podía achacársele, era así o sencillamente eso pensábamos para exculparlo cada vez que nuestras comisuras se dibujaban sádicas y por nuestra mente danzaba el cabaret de los homicidas.

Si algo teníamos que reconocer a Rudolf era esa inusitada virtud de empeorar todo cuanto caía en sus manos, cosa de la que tampoco podíamos culparle ya que había sido engendrado por el más lerdo y peor de los espermatozoides de su padre y claro, la cosa venía desde chiquitino.

Con todo y con esto la cosa había empeorado notablemente (más de lo normal, entiéndase) desde que se había obcecado en relatarnos su habilidad por atracar buques mercantes (y entiéndase por mercante profusamente transitado, si, lo que viene a ser mucho entrar y salir) aunque nosotros, dada nuestra natural malicia, siempre pensamos que se trataba más bien de un rompehielos abrupto e indecoroso y que donde decía atracar había que entender encallar.

Y así transcurrían sus días, espabilando moscas, aleccionándonos para que no pisáramos los puépinos mientras se vertía en ademán escorromoñoso. Y sí, aunque repetía con constancia aquello de que los suyos solían partir hacia el corral de los quietos con una facilidad nada despreciable él sigue aferrándose a la vida y creo que aun quedan largos años en los que lo oiré deambular con sus monólogos pasilliles (blablablablá...sexo...blablablablá), sus escalofriantes sonidos de mamífero al irse al catre y en los que veré como usa sus manos de ratilla para desmenuzar cosas, porque, diga lo que diga Rudolf, él estando vivo lo goza cosa bárbara.


3 comentarios:

Rudolf Trefflich Esel dijo...

¿Touché...?

Miguelangeldelpino dijo...

la vida está mal pensada, ¿quién la empeorará? El empeorador que la empeore, buen empeorador será. Es decir, nuestro amigo Ridolf o como sea.

Psique dijo...

^^