"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



martes, 31 de agosto de 2010

Ciao

"Al embarcar en el aeropuerto he de confesar que me quedé obnuvilado mirando a través de las ventanas mientras esperaba el avión: mi figura y mi rostro esbozados en un reflejo melancólico se transfiguraban con un paisaje punteado de luces de ciudad, luces que aquella noche debían sustituir el candor de las estrellas."

La primera vez que viajé a Italia escribí esto en mi moleskine. La cosa no terminó demasiado bien, a ver qué sucede ésta vez.

Hasta pronto.

martes, 24 de agosto de 2010

martes, 17 de agosto de 2010

Cuaderno de Bitácora

A veces simplemente no pasa nada. Suele ocurrir que cuando alguien se sienta a escribir tiene la motivación de contar algo, pero ¿qué ocurre cuando no hay nada que decir? Quiero decir, ¿qué se hace cuando realmente no ocurre absolutamente nada?

Hasta ahora esta acostumbrada paz de lo comúnmente vulgar, de lo agradablemente reiterativo, de ese remanso de seguridad se ha visto teñido con los colores de la mediocridad, y la mediocridad, salvo que sea una mediocridad extraordinaria -y por ello digna de ser contada-, se escribe con silencio. Se emborrona la página, se desestima lo escrito, se arranca y se tira.

Puede que por esto últimamente no me haya salido ningún texto bueno, la poltrona de la rutina más absoluta me ha seducido. Sólo me queda escribir sobre lo que no merece ser escrito y eso es imposible, salvo que con la artimaña de la pluma torne en extraordinario lo real, pero eso sería traicionar nuestro propósito.

Realmente no es difícil: puedo transformar un llanto en un batallón que se lanza por un precipicio.

Así que quedan dos opciones: esperar pacientemente a que lo digno surja o dignificar lo vulgar. Pero lo digno rara vez aparece. Entonces tendremos que desentrañar la belleza oculta bajo el mediocre silencio que amordaza lo sublime bajo los harapos de lo tristemente común -y por tanto inadvertido.

Quedan advertidos, van a ser mis cómplices. Que nadie se sorprenda cuando lo acusen de maravillarse de la simpleza de la lluvia.

miércoles, 11 de agosto de 2010

Aquel día


Fragmento de "¿Y después?"

Y la luz dibujaba los árboles del horizonte y se reflejaba en los recientes charcos de la lluvia y jugaba con las hojas de los árboles y daba color al mundo y se lanzaba desde el cielo hacia la tierra en una danza maravillosa y el viento giraba y jugaba con los pájaros y los pájaros cantaban y hacían del mundo un lugar vivible y el aire se podía respirar y los hombres podían ser hombres y la tristeza dejaba de perseguir a las almas y las minúsculas gotas de agua que sostenían las hojas y las ramas miraban con brillo la perfecta danza que hace que la vida merezca la pena.

Se sintió abrumado y tuvo que sentarse. Sintió bajo de sí la tierra preñada de agua y sobre sí las bóvedas de los cielos. Y dentro de sí había paz.

Entonces sintió algo extraño: un sabor amargo le inundaba la boca. Entonces vio: Vio los campos como no los había visto nunca, vio cada gota de agua del rocío de la mañana dibujando una forma perfecta y maravillosa sobre cada una de las hojas de las plantas, vio la sonrisa de un niño, vio el color que tiene el amor y sintió el perfume del desengaño. Vio los sueños de las aves y vio las pesadillas de los caracoles. Vio la triste y lo dichoso, vio los bosques y los desiertos, vio como se precipitaban los granos de arena del reloj de su abuelo, vio las cuentas del collar de su madre, vio como un hombre se desesperaba y se lanzaba por un puente, escuchó las notas más perfectas y los últimos dos movimientos de la inacabada de Schubert, olió a yerbabuena y a albahaca, y sintió la brisa del mar y el canto de la montaña, y pudo saborear colores y pudo ver sonidos y se vio a si mismo desde dentro y se vio a si mismo desde fuera. Vio su primer beso y su último desengaño, tocó los cabellos de su primer amor y notó la tensión de sus labios. Vio las sonrisas más hermosas y los llantos más tristes, tocó el velo de redención que lanza la noche sobre las cabezas de los hombres y cantó con las estrellas y con los cisnes y con los grillos, sintió la perfección de cada cuerpo minúsculo y la majestuosidad de los planetas. Viajó desde Orión a Casiopea y dibujó las constelaciones en el vientre de su amada. Sintió el latido de su corazón y el latido de todos los corazones. Tuvo todos los sueños posibles. Fumó en pipa sentado sobre una duna y bebió agua de lluvia. Hizo castillos de polvo de estrellas y los destrozó con solo mirarlos. Danzó con los cometas a lo largo y ancho del universo. Entró en el corazón de un hombre y vio la felicidad y vio el odio, la dulzura, la alegría, la desazón y la derrota, sintió sobre sus hombros el peso de una nube y se precipitó a las fosas de los océanos. Se miró en un espejo y se sintió cansado; vio, en fin todo lo que merece ser visto y acto seguido murió.

Aquel día se sintió cansado del malsano tic tac de los corazones, así que enjauló su alma y la guardó en el desván. Cogió el breviario al que llamaba vida y se lo guardó en el bolsillo. Su médico le había dicho que no soñara demasiado, que no era bueno para su salud, pero él nunca le hizo demasiado caso; al fin y al cabo, ¿qué saben los médicos sobre los corazones de los hombres?

Y su cuerpo quedó bajo los árboles mientras su alma seguía en la penumbra de aquel polvoriento desván.

viernes, 6 de agosto de 2010

Una tarde como otra cualquiera


A veces solo se trata de rasgar un velo, de decir "estoy aquí", de poder respirar. A veces se trata sencillamente de no discutir con las estrellas, de firmar una tregua con la almohada. Hay días en los que nos conformaríamos con escapar de juicio del Sol sin caer bajo la mirada despectiva de la sombra.

Sencillamente se trata de lanzar botellas al mar, por si alguien responde, por si alguien las encuentra, por si hubiera alguien más. Y después esperar.

El problema de los gritos es que rompen el silencio. Lo trágico del silencio es que invita a gritar. El tiempo pasa: tic-tac, tic-tac, tic-tac ¿lo oyes?

Lento, pausado, detenido. El candil que se apaga, la oscuridad que se enciende.

Bon voyage, mon ami, bon voyage.

domingo, 1 de agosto de 2010

Una furtiva lagrima


Siempre pensé que aquella señorita lloraba estupendamente. Sé que puede parecer cruel, e incluso despreciable, pero yo sentía un placer inusitado viéndola llorar.

Sus lágrimas se derramaban con una belleza que yo sólo parecía ver. Descendían dulcemente, casi tímidas, desde sus ojos vidriosos surcando con caricias sus mejillas. Bajaban hasta sus labios, la besaban cómplices y después, como aquel que sabe que sólo le queda morir, se suicidaban desde el acantilado de su barbilla.

Aquella estampa tenía la virtud de trocar en hermoso el dolor, una hermosura que desde el primer día yo buscaba secretamente, aguardando la ocasión de que aquella señorita decidiera enviar otro escuadrón de lágrimas a la muerte.