"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



miércoles, 11 de agosto de 2010

Aquel día


Fragmento de "¿Y después?"

Y la luz dibujaba los árboles del horizonte y se reflejaba en los recientes charcos de la lluvia y jugaba con las hojas de los árboles y daba color al mundo y se lanzaba desde el cielo hacia la tierra en una danza maravillosa y el viento giraba y jugaba con los pájaros y los pájaros cantaban y hacían del mundo un lugar vivible y el aire se podía respirar y los hombres podían ser hombres y la tristeza dejaba de perseguir a las almas y las minúsculas gotas de agua que sostenían las hojas y las ramas miraban con brillo la perfecta danza que hace que la vida merezca la pena.

Se sintió abrumado y tuvo que sentarse. Sintió bajo de sí la tierra preñada de agua y sobre sí las bóvedas de los cielos. Y dentro de sí había paz.

Entonces sintió algo extraño: un sabor amargo le inundaba la boca. Entonces vio: Vio los campos como no los había visto nunca, vio cada gota de agua del rocío de la mañana dibujando una forma perfecta y maravillosa sobre cada una de las hojas de las plantas, vio la sonrisa de un niño, vio el color que tiene el amor y sintió el perfume del desengaño. Vio los sueños de las aves y vio las pesadillas de los caracoles. Vio la triste y lo dichoso, vio los bosques y los desiertos, vio como se precipitaban los granos de arena del reloj de su abuelo, vio las cuentas del collar de su madre, vio como un hombre se desesperaba y se lanzaba por un puente, escuchó las notas más perfectas y los últimos dos movimientos de la inacabada de Schubert, olió a yerbabuena y a albahaca, y sintió la brisa del mar y el canto de la montaña, y pudo saborear colores y pudo ver sonidos y se vio a si mismo desde dentro y se vio a si mismo desde fuera. Vio su primer beso y su último desengaño, tocó los cabellos de su primer amor y notó la tensión de sus labios. Vio las sonrisas más hermosas y los llantos más tristes, tocó el velo de redención que lanza la noche sobre las cabezas de los hombres y cantó con las estrellas y con los cisnes y con los grillos, sintió la perfección de cada cuerpo minúsculo y la majestuosidad de los planetas. Viajó desde Orión a Casiopea y dibujó las constelaciones en el vientre de su amada. Sintió el latido de su corazón y el latido de todos los corazones. Tuvo todos los sueños posibles. Fumó en pipa sentado sobre una duna y bebió agua de lluvia. Hizo castillos de polvo de estrellas y los destrozó con solo mirarlos. Danzó con los cometas a lo largo y ancho del universo. Entró en el corazón de un hombre y vio la felicidad y vio el odio, la dulzura, la alegría, la desazón y la derrota, sintió sobre sus hombros el peso de una nube y se precipitó a las fosas de los océanos. Se miró en un espejo y se sintió cansado; vio, en fin todo lo que merece ser visto y acto seguido murió.

Aquel día se sintió cansado del malsano tic tac de los corazones, así que enjauló su alma y la guardó en el desván. Cogió el breviario al que llamaba vida y se lo guardó en el bolsillo. Su médico le había dicho que no soñara demasiado, que no era bueno para su salud, pero él nunca le hizo demasiado caso; al fin y al cabo, ¿qué saben los médicos sobre los corazones de los hombres?

Y su cuerpo quedó bajo los árboles mientras su alma seguía en la penumbra de aquel polvoriento desván.

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