"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



viernes, 24 de septiembre de 2010

Carta a un naufrago

El salitre ha devorado tus palabras y las ha transformado en locura, pero no te preocupes, los mundos de los locos son tan hermosos como éste.

Sé que nunca leerás esto, pero de eso se trata, ¿no?, de escupir palabras como metralla para herir las almas aletargadas y sangrarlas del exceso de la mesura. Pobres de aquellos que no pueden soñar.

La soledad no es algo que se aprenda en la escuela, pero podrían escribirse espesos tratados de filosofía sobre ella. Como todo lo importante, no te lo enseñan en ningún sitio. Aprovecha las heridas antes de que cicatricen o jamás entenderás el dolor.

Las almas claras son tristes, busca siempre las oscuras, las profundas, las densas, las sonrisas que tras de sí ocultan un ramo de flores marchitas, las miradas insondables que te cambian la vida.

¿Qué nos queda sino mirar debajo de la niebla?

Sólo una cosa más: no creas que tu balsa es menos pasada que mi faro.

sábado, 18 de septiembre de 2010

Carta de un náufrago

La máquina de escribir se ha encasquillado y no puedo seguir disparando palabras. ¡Qué tristeza la del soldado que no puede combatir! Hoy nada va bien.

Ajeno a la destrucción de otros mundos yo me aferro a mi balsa, esa misma que carcome mis entrañas, esa misma que a la deriva me aleja de cualquier horizonte de esperanza.

Hemos visto desmoronarse el arco iris y derruir ciudades en su caída y a la aurora destrozar los sueños más hermosos y los más horribles.

Y yo, en mi balsa, vagando, consumiré mis días.

sábado, 11 de septiembre de 2010

Sólo un minuto


De todos los minutos uno. Uno para recordar, uno, uno sólo. Uno para esa tristeza de manantial, para ese fantasmagórico amanecer en otros latidos, para esos enemigos de ensueño que te enseñaban a vivir y para esos amigos olvidados, piratas que nunca atravesaron Hornos.

De todos los minutos uno. Uno para esos cadáveres que se amontonan sobre el escritorio, para limpiar del abrecartas la sangre de los sobres, para dar brillo a las ventanas con las lágrimas.

Para esos descafeinados tatuajes que lucimos como cicatrices. Sólo un minuto para quitar el escaramujo de la proa y besar los labios salinos del mascarón.

¡Cuánto se anhela aquel veneno de la vida! Pero sólo un minuto, sólo uno, para mirar la luna con tus ojos y para subirme a cantar con las aves del alba al atardecer.

Sólo tocar aquellos versos de corchea y nada más. Sólo es silenciarte con un beso la melancolía. Las rosas que nunca regué me miran recelosas porque no las dejé marchitar.

Para hablar de la muerte contigo y que me sonrías y en la locura de mis versos evoques tristes disparates de insomnio.

Sólo trocar el ámbar en caricias, pero sólo eso. Un minuto para toda la eternidad.

Luchemos con tinta una vez más para que pueda derramar mis entrañas en borrones alegres.

Me acercaré a las estrellas para comprobar si cantan y luego te lo contaré, aunque no quieras oírlo, aunque te vayas yo se lo diré a tu ausencia.


Sólo un minuto, ¿recuerdas? Tic-tac, tic-tac...¿lo oyes? Es tu corazón (ese de mi, de ti, de todos, de los que están, son, fueron, habrá) que se apaga.

lunes, 6 de septiembre de 2010

Estampas de Roma


Dónde pongo lo hallado
en las calles, los libros, las noche,
los rostros en que te he buscado.


Dónde pongo lo hallado
en la tierra, en tu nombre, en la Biblia,
en el día que al fin te he encontrado.



Qué le digo a la muerte tantas veces llamada
a mi lado que al cabo se ha vuelto mi hermana.
Qué le digo a la gloria vacía de estar solo
haciéndome el triste, haciéndome el lobo.

Qué le digo a los perros que se iban conmigo
en noches pérdidas de estar sin amigos.
Qué le digo a la luna que creí compañera
de noches y noches sin ser verdadera.

Qué hago ahora contigo.
Las palomas que van a dormir a los parques
ya no hablan conmigo.

Qué hago ahora contigo.
Ahora que eres la luna, los perros,
las noches, todos los amigos.