"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
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(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



viernes, 26 de noviembre de 2010

En mi calle


La última vez que lo vi parecía acabado. Estaba despeinado, tenía la barba descuidada, se había vestido de cualquier manera y no hacía otra cosa que pasear sus manos temblorosas por la cara, mientras hablábamos, como quien intenta quitarse una mancha.

La verdad es que me preocupó bastante a pesar de que él me aseguraba que estaba bien; esos son los más peligrosos.

Me contó que seguía tocando el piano y que había vuelto a fumar. Se quejaba mucho porque decía que hacía meses que no le salía un verso bueno. Ya por entonces se había acostumbrado a la tristeza.

El abrigo largo, descolocado, tenía los bolsillos minados de libritos que iba dejando caer cada vez que rebuscaba entre ellos un mechero.

Como os digo, la última vez que lo vi sentí una profunda tristeza. Cuando abandonó la cafetería vi que se le había escurrido un papelito arrugado de algún bolsillo. Cuando se fue, lo cogí y lo leí.

Con una letra histérica aquel mensaje rezaba: "¿Por qué cantan las sirenas?". Y vi desdibujarse su paso cansado a lo largo de la calle.

lunes, 22 de noviembre de 2010

Vidi

El mundo se desteñía en formas cansadas y vagas. Las luces se precipitaban contra mi. Yo entornaba los ojos. La realidad se disolvía como un azucarillo en colores mixtos, en formas diáfanas que huían persiguiéndose.

Los cristales se empañaban y el universo era confuso. Las letras se daban la mano y los violines se mezclaban con las flautas. Los movimientos dibujaban estelas que se iban apagando tristes. El tiempo se hizo oxímoron y las constelaciones jugaban a esconderse. La calle se veía cansada.

Aquella tarde los naranjos pintaros sus hojas y verdearon sus frutos mientras los trenes confundían sus destinos.

jueves, 11 de noviembre de 2010

Yo, que soy yo

Y un día descubres que en mitad de un aguacero puedes entender a Beethoven, y llegas empapado a clase pero sonriendo. Yo, que soy yo aunque a veces se me olvide. Esta tarde me he sorprendido dibujando figuras con humo.

La mayoría de los problemas surgen cuando voy a visitar a ese caballero desaliñado que me mira con los ojos pegados por las mañanas al otro lado del espejo del baño. La verdad es que no sé que hace ahí, pero día tras día, persistente, obstinado, idiota, se asoma al otro lado. Pero bueno, imagino que habrá que dejarlo estar.

Personalmente siempre he preferido mi sombra a mi reflejo.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Luego se fue

La última vez que la vi había en sus ojos un brillo escarchado mientras me decía adiós. Luego se fue, pero ¿quién no se va?

Las luces de los coches jugaban con nuestras sombras y el otoño tapizaba con su particular parqué el sufrido suelo gris de la ciudad. Luego se fue, pero ¿quién no se va?

Recuerdo su voz, su sonrisa, sus palabras nerviosas, su piel temblando. A lo lejos pasaba algo que ya nadie recuerda. Luego se fue, pero ¿quién no se va?

No digo que no la eche de menos, pero eso da igual, porque luego ella se fue, pero ¿quién no se va?

Luego comenzó a llover, y la lluvia deshizo la escarcha de sus ojos, arrastró las hojas muertas por el frió, apagó su voz, desdibujó su sonrisa, apagó sus palabras y abrasó su piel. Luego se fue y no volverá.