"Voy a ser más duro y no confiaré más en las personas, porque una de ellas me traicionó. Voy a odiar a los que encontraron tesoros escondidos, porque yo no encontré el mío. Y siempre procuraré conservar lo poco que tengo, porque soy demasiado pequeño para abarcar el mundo"



melancolía
.

(Del lat. melancholĭa, y este del gr. μελαγχολία, bilis negra).

1. f. Tristeza vaga, profunda, sosegada y permanente, nacida de causas físicas o morales, que hace que no encuentre quien la padece gusto ni diversión en nada.



lunes, 31 de enero de 2011

Humedades

Aquel día sentía un tristeza húmeda, como si las nubes de la mañana le hubiera dejado rocío dentro del pecho. Esa humedad le había cubierto de musgo el corazón. El salitre le había enmohecido el alma, que chirriaba lastismera en ese lugar que nadie sabe. Las borrascas se habían adueñado de su cabeza y entonces comenzó a desaguar por los ojos.

Se le cubrieron los pies de líquenes y comenzaron a crecer sobre él todo tipo de plantas. Al poco la vegetación de su tristeza, de un verde senil, lo había cubierto. No sé bien que fue de él, pero creo que él tampoco lo sabe.

lunes, 24 de enero de 2011

A la joven del patito

Ella dice que es pequeña, pero yo no me lo creo. Y tiene los ojos azules. Sé que le gusta el chocolate, las montañas azules y los almendros en flor. Cuando duerme da vueltas como una peonza y hace sonidillos de mamífero en apuros, pero cuando se despierta inunda de sonrisas la luz. A veces, su boquita devora muffins mientras su gorra te ignora, pero se le perdona. Su corazón hace tic-tac, de verdad, porque yo lo he oído.

Le gustan las demostraciones afectivas durante el desayuno y el vino antes de dormir, las bañeras llenas de espuma y disparar trozos de eternidad para guardarlos detrás de su objetivo. Tiene la nariz pequeña y los dedos de las manos largos, como los de los pies. Tiene la extraña costumbre de llamarme pequeño aunque sea un gigantón barbudo, pero dice que soy pequeño, que sólo el yo-que-miente-siempre se cree aquello de que soy grande. Probablemente tenga razón.

Así es ella, bueno así y de muchas otras maneras, pero no puedo contároslas todas, porque es imposible. Y yo la quiero mucho y de cuando en cuando se lo recuerdo.

Ahora está un poco triste, pero eso ya lo solucionaremos.

Feliz cumpleaños pequeña.

martes, 18 de enero de 2011

Vida y otras cuestiones

Me miró como si tratara de rasgar la eternidad con sus pupilas y después se paró. Se quedó en el vacío topográfico de la puerta, entre los dinteles de lo absurdo. Yo miraba sus pies descalzos. Al poco giró sobre sus talones y se marchó. A veces alguien se va para no volver, no sé si es algo que eliges o las causas dibujan ausencias para que decores con ellas las paredes de tus soledades.

Luego aprendes a vivir con fantasmas, como si la vida fuera un simulacro. Te equivocas, simplemente se trata de eso. Miras los vacíos que dejaron los cuerpos y adoleces de esa enfermedad que se llama melancolía. La lluvia enjuga los cristales y el viento peina las cortinas. Eso es todo. A lo lejos alguien llora. Cae el telón y vuelve a subir, cada uno a su papel, como si la vida fuera un divertimento para un público que no vemos cegados por las luces que despegan desde el fondo de la sala.

Suspiras. Sueñas con barcos en los que el piloto de derrota se ha suicidado, vagar eternamente. Cae el telón y vuelve a subir, como si la vida fuera una historia que guarda dentro de si pasajes que merecen ser contados. Cae el telón. El público murmura mientras sale del patio de butacas, el acomodador ha huido. Apagan la luz. Una puerta se cierra.

Fin del primer acto.

sábado, 8 de enero de 2011

Llorar a lágrima viva - Oliverio Girondo

Llorar a lágrima viva.
Llorar a chorros.
Llorar la digestión.
Llorar el sueño.
Llorar ante las puertas y los puertos.
Llorar de amabilidad y de amarillo. Abrir las canillas,
las compuertas del llanto.
Empaparnos el alma,
la camiseta.
Inundar las veredas y los paseos,
y salvarnos, a nado, de nuestro llanto. Asistir a los cursos de antropología,
llorando.
Festejar los cumpleaños familiares,
llorando.
Atravesar el África,
llorando. Llorar como un cacuy,
como un cocodrilo...
si es verdad
que los cacuyes y los cocodrilos
no dejan nunca de llorar.
Llorarlo todo,
pero llorarlo bien.
Llorarlo con la nariz,
con las rodillas.
Llorarlo por el ombligo,
por la boca. Llorar de amor,
de hastío,
de alegría.
Llorar de frac,
de flato, de flacura.
Llorar improvisando,
de memoria.
¡Llorar todo el insomnio y todo el día!

jueves, 6 de enero de 2011

El juego que me regaló un 6 de enero

A veces reparo en tu ausencia, pero luego lo olvido. Sabes que siempre me costó deshacerme de los viejos hábitos, aquellos de buscarte entre las rendijas de cualquier espejismo. Yo y mis costumbre absurdas. Pero ya no importa porque he aprendido a convivir con tu fantasma. Está ahí, sentado, sobre mi cama. Se mira los pies. Imagino que resulta cálido poblar las ausencias con retales de otros tiempos, al fin y al cabo, todos tenemos derecho a sobrevivir.

Me siento y te escribo, como quien habla en los cementerios. No es que duela la ausencia, es que me acostumbré a tu silueta. Y puede que tú ya no seas la misma, ni yo soy el mismo, pero yo soy dueño de tu recuerdo y puedo pensarte como quiera.

Tengo que seguir llenando de espectros este vacío. Nos vemos a la próxima.